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      <title>Mentiras Arriesgadas: el autoengaño puede consumirte</title>
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  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/Reflejos+de+autoenga%C3%B1o+y+preocupaciones.png" alt=""/&gt;&#xD;
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&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           MENTIRAS ARRIESGADAS
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El autoengaño puede consumirte
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay mentiras burdas y hay mentiras elegantes. Las burdas son fáciles de detectar: “yo controlo”, “lo dejo cuando quiera”, “esto no me afecta”. Las elegantes son más sofisticadas, más finas, más cultas incluso. Se presentan bien vestidas, hablan con tono razonable y suelen venir acompañadas de argumentos que, a primera vista, parecen sensatos. No suenan a excusa. Suenan a reflexión madura. Y precisamente por eso son peligrosas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Una mentira elegante no suele decir “no quiero cambiar”. Dice algo mucho más bonito: “Ahora mismo no es el momento”, “yo soy así”, “no merece la pena forzar las cosas”, “hay que aceptarse”, “bastante tengo ya”, “cuando se den las circunstancias adecuadas lo haré”. No grita. Susurra. No parece un sabotaje.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Parece prudencia. Y así pasan los años.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En ocasiones nos mentimos para no asumir la libertad, la responsabilidad y el vértigo de tener que decidir qué hacer con la propia vida. Dicho en lenguaje normal: el ser humano muchas veces prefiere hacerse el pequeño, el limitado o el atrapado antes que mirar de frente una verdad bastante molesta: que podría hacer más de lo que hace, pero eso le obligaría a renunciar a sus excusas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y esto no es un problema filosófico de café y tertulia. Esto está en la vida cotidiana todo el tiempo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Está en la persona que lleva diez años diciendo que su pareja “en el fondo es buena”, cuando en realidad vive en una relación seca, triste o humillante, pero le aterra más el cambio que el desgaste.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Está en quien afirma que no cambia de trabajo porque “tal y como está el mercado laboral hay que dar gracias”, cuando en el fondo lleva años renunciando a moverse, formarse o arriesgar un poco.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Está en quien dice que no tiene tiempo para cuidarse, pero sí tiene tiempo para diez minutos de redes, quince de queja y media hora de conversación circular consigo mismo sobre lo cansado que está.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Está en quien repite que su problema es la ansiedad, cuando a veces la ansiedad es solo el ruido que hace una vida mal encarada.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Conviene aclarar algo importante: no toda dificultad es excusa. Hay dolor real, límites reales, enfermedades reales, precariedad real y circunstancias muy duras. No se trata de caer en esa vulgaridad de coaching barato según la cual todo depende de querer. No. La vida pone obstáculos de verdad. Pero entre reconocer un límite y convertirlo en identidad hay un trecho enorme. Una cosa es decir “esto me cuesta”. Otra, muy distinta, es organizar la vida entera alrededor de “yo no puedo”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las mentiras elegantes suelen surgir porque protegen de algo. No aparecen por capricho. Cumplen una función psicológica. Nos ahorran ansiedad, culpa, conflicto, incertidumbre o duelo. Son una especie de sedante mental. El problema es que alivian a corto plazo y empobrecen a largo plazo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pensemos en una de las más frecuentes: “yo soy así”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Parece una frase inocente. Incluso suena honesta. Pero muchas veces no describe una personalidad; describe una renuncia. “Yo soy así” puede significar: no quiero revisar mi forma de relacionarme, no quiero pedir perdón, no quiero aprender otra manera de responder, no quiero tolerar la incomodidad de cambiar hábitos que ya tengo pegados a los huesos. Es una frase que suele usarse como si fuera un DNI moral: aquí tiene usted mi carácter, sello oficial, no se admiten reclamaciones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Sin embargo, la personalidad no es una cárcel con barrotes en las ventanas. Tenemos tendencias, rasgos, historia, temperamento, sí. Pero convertir todo eso en destino es una trampa. El tímido puede aprender a exponerse. El impulsivo puede aprender a frenarse. El complaciente puede aprender a poner límites. El frío puede aprender a mostrar afecto. No se trata de convertirse en otra persona, sino de dejar de usar la biografía como coartada.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Otra mentira elegante muy habitual es “cuando esté mejor, empezaré”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Suena razonable. Incluso sensata. Pero en muchos casos es justo al revés: no te pondrás mejor antes de empezar; empezar es parte de ponerte mejor. La persona espera a tener ganas para actuar, cuando muchas veces las ganas aparecen después de actuar. Espera a sentirse segura para hablar, cuando la seguridad se construye hablando. Espera a tener motivación para caminar, ordenar, llamar, salir, exponerse o pedir ayuda, cuando precisamente esas acciones son las que empiezan a mover el sistema.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Aquí la mente juega sucio. Nos vende la idea de que primero debe llegar un estado interno adecuado y luego vendrá la acción correcta. Como si uno tuviera que esperar a que el alma le firme un permiso por escrito. Pero la vida real no suele funcionar así. Muchas veces uno empieza torpemente, sin ganas, sin superpoderes y sin música de fondo. Y menos mal.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           También está la mentira elegante del “no es para tanto”. Esta se usa mucho para minimizar el propio malestar. “Mi relación no está tan mal”, “mi trabajo no me hunde tanto”, “mi consumo no es un problema”, “mi familia no me afecta tanto”, “todos vivimos con estrés”. Y así se va haciendo una labor de maquillaje interior bastante notable. Se tapa lo que duele, se rebaja lo que pesa, se normaliza lo que va gastando por dentro. La persona no miente del todo. Solo recorta la verdad lo suficiente para poder seguir tirando.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Este mecanismo es frecuente porque mirar la realidad con claridad obliga a tomar postura. Si uno reconoce de verdad que su relación le apaga, tendrá que preguntarse qué hace ahí. Si reconoce que su padre lo sigue empequeñeciendo con cincuenta años, tendrá que revisar cuánto poder le sigue dando. Si reconoce que vive anestesiado con trabajo, comida, series, compras o móvil, tendrá que aceptar que está evitando algo. Mientras la verdad permanezca a media luz, todavía se puede seguir igual. Y mucha gente no quiere exactamente estar bien; quiere sufrir lo justo como para quejarse, pero no lo bastante como para cambiar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay otra mentira más refinada aún: “he elegido esto libremente”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Aquí entramos en terreno delicado. Porque muchas de las decisiones que creemos libres están llenas de obediencias invisibles. Hay personas que creen haber escogido su profesión, su pareja, su estilo de vida o incluso su carácter, cuando en realidad han ido encajando en expectativas ajenas como una pieza obediente. Lo que llamamos elección a veces es adaptación premiada. Te portas como se espera, recibes aprobación, evitas conflicto y acabas creyendo que eso eras tú.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El problema aparece años después, cuando algo dentro empieza a protestar. A veces en forma de ansiedad. A veces en forma de apatía. A veces como irritabilidad crónica. A veces como una tristeza rara, sin causa clara. Y la persona dice: “No entiendo qué me pasa, si en teoría todo está bien”. Exacto: en teoría. Sobre el papel. En el escaparate. Pero no por dentro.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Vivir no consiste solo en funcionar, sino en hacerse cargo de la propia existencia. Y eso significa asumir que no basta con ir cumpliendo tareas, papeles y expectativas. Uno puede ser eficiente, correcto, educado, responsable y perfectamente infeliz. Puede pasar años enteros haciendo lo debido mientras se va secando por dentro con una corrección impecable. Hay gente que no se derrumba por un trauma espectacular, sino por décadas de pequeñas traiciones a sí misma.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Esto se ve mucho en la vida cotidiana. Personas que nunca dicen lo que quieren para no molestar. Personas que han convertido la paciencia en esclavitud elegante. Personas que se llaman realistas cuando en realidad están asustadas. Personas que se presentan como muy racionales cuando lo que hacen es no sentir demasiado, por si acaso. Personas muy buenas para entender a los demás y sospechosamente torpes para entender lo que les pasa a ellas. Personas que llaman paz a evitar conversaciones que deberían tener desde hace años.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La mentira elegante favorita de mucha gente responsable es esta: “no puedo permitirme pensar en mí ahora”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Tiene prestigio moral. Suena generosa. Y a veces, durante una etapa concreta, puede ser verdad. Hay momentos de supervivencia, de crianza, de enfermedad, de crisis económica, donde uno tira de lo que hay. Pero convertida en estilo de vida, esa frase es una trampa estupenda. Porque “ahora no” puede significar “nunca”. Y de tanto posponerse, uno acaba tratándose como si fuera un asunto secundario dentro de su propia vida.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Luego vienen las somatizaciones, la irritabilidad, el insomnio, la sensación de encierro, el vacío o los estallidos desproporcionados por tonterías. Y no, no suele ser por dejar la ropa mal doblada ni por el WhatsApp sin responder. Es por años de acumulación. El cuerpo y la mente terminan haciendo huelga cuando la persona lleva demasiado tiempo gestionándose como una obligación ambulante.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Otra variante muy moderna de la mentira elegante es “yo solo quiero estar tranquilo”. Parece una aspiración sana, pero conviene desconfiar un poco. A veces querer estar tranquilo significa querer vivir sin conflicto, sin incertidumbre, sin incomodidad y sin riesgo emocional. En resumen: querer vivir sin vivir del todo. La tranquilidad, cuando se convierte en valor supremo, acaba justificando muchas cobardías cotidianas. No digo esto con crueldad, sino con precisión. Quien solo busca tranquilidad acaba evitando conversaciones, decisiones, compromisos, duelos, cambios y profundidades. Logra cierta calma superficial, sí, pero a cambio de una vida pequeña.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La psicología ve a diario las consecuencias de estas mentiras finas. Porque la mayor parte del sufrimiento no viene de no entenderse, sino de entenderse a ratos y hacerse el distraído el resto del tiempo. La persona suele saber bastante más de lo que dice no saber. Intuye. Sospecha. Ve señales. Nota cosas. Pero entre notar y admitir hay un abismo. Y entre admitir y actuar, otro.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por eso cambiar no suele empezar con una gran revelación, sino con un acto más modesto y más serio: dejar de adornar la verdad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No hace falta hundirse en un dramatismo barroco. Basta con decirse cosas simples y limpias. “Esto me está haciendo daño”. “Aquí estoy aguantando más de lo que quiero reconocer”. “No estoy confundido; estoy asustado”. “No me falta tiempo; estoy evitando”. “No es que no sepa qué hacer; es que no quiero pagar el precio”. “No es amor propio lo que tengo aquí; es miedo disfrazado de prudencia”. Estas frases no quedan tan bonitas en una taza de desayuno, pero ayudan bastante más.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La honestidad psicológica tiene mala prensa porque duele. Rompe la narrativa amable que uno había montado para seguir funcionando sin tocar demasiado nada. Pero también libera. No de golpe, no mágicamente, y desde luego no sin coste. Libera porque devuelve margen de acción. Mientras una persona se cuenta una mentira elegante, queda atrapada en un personaje. Cuando empieza a decir la verdad, aunque sea a medias y con temblor, vuelve a existir alguien detrás del personaje.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No se trata de vivir en un estado de autoexamen feroz ni de sospechar de cada pensamiento. Tampoco de convertir la vida en un juicio permanente contra uno mismo. La idea no es humillarse, sino aclararse. No es atacarse, sino dejar de protegerse con cuentos bonitos que ya salen caros. Una cosa es tratarse con compasión. Otra, muy distinta, es darse coartadas con voz suave.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La compasión verdadera no te dice: “Pobrecito, sigue igual, bastante haces”. Te dice algo más adulto: “Entiendo tu miedo, pero no te ayudo a esconderte detrás de él”. Esa es la diferencia entre cuidarse y consentirse. Entre comprenderse y justificarse. Entre aceptarse y abandonarse.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En el fondo, las mentiras elegantes tienen éxito porque prometen un trato muy tentador: “No cambies y no sufrirás tanto”. Lo que no cuentan es la letra pequeña: “No cambiarás, pero te irás apagando poco a poco”. No hay drama súbito, no hay gran catástrofe. Solo una erosión lenta. Una especie de vida administrada con prudencia excesiva, donde uno evita el golpe fuerte a costa de recibir mil pequeños golpes silenciosos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Quizá por eso una de las preguntas más útiles en terapia, y también fuera de ella, no es “qué me pasa”, sino “qué verdad incómoda llevo tiempo suavizando”. Ahí suele haber material. Ahí empiezan muchas cosas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Porque a veces el problema no es que estemos perdidos. A veces el problema es que ya hemos visto el camino, solo que preferimos seguir discutiendo sobre el mapa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="" alt=""/&gt;&#xD;
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      <pubDate>Mon, 30 Mar 2026 17:41:45 GMT</pubDate>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La trampa de la obediencia</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/la-trampa-de-la-obediencia</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h1&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    
          La Trampa de la Obediencia: El Experimento de Milgram
         &#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
&lt;/h1&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/Gemini_Generated_Image_4o63ef4o63ef4o63.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  
         El experimento de Milgram fue un estudio clásico sobre obediencia a la autoridad que mostró algo incómodo: personas corrientes pueden llegar a hacer daño a otra persona si una figura “legítima” se lo ordena y el contexto lo empuja. Stanley Milgram lo realizó en la Universidad de Yale a comienzos de los años 60, con una pregunta de fondo muy concreta: cómo es posible que gente aparentemente normal participe en actos crueles cuando hay jerarquías, órdenes y una sensación de “esto es lo que toca”. En el montaje típico, el participante hacía de “maestro” y creía que debía aplicar descargas eléctricas crecientes a un “alumno” (que en realidad era un actor) cada vez que fallaba una tarea. El “alumno” se quejaba, gritaba, suplicaba y, en un punto, dejaba de responder. Cada vez que el participante dudaba, un experimentador con bata insistía con frases del tipo “el experimento requiere que continúe”. Las descargas no eran reales, pero el participante no lo sabía; lo relevante era observar hasta dónde llegaba la obediencia cuando se mezclan presión, autoridad y un procedimiento escalonado que va subiendo poco a poco.
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Lo sorprendente es que muchos siguieron adelante incluso cuando su intuición moral ya les decía que aquello estaba mal. No eran sádicos: se ponían nerviosos, sudaban, discutían, intentaban parar… y aun así obedecían. Milgram ayudó a entender que no hace falta ser “mala persona” para cometer una barbaridad: basta con un contexto que te empuje a funcionar en piloto automático, una autoridad que parezca incuestionable y una estructura que te permita sentir que la responsabilidad está en otro sitio. Ahí entra un mecanismo clave: el desplazamiento de responsabilidad (“yo solo cumplo”), que reduce la culpa y facilita seguir. También juega la escalada gradual: casi nadie empieza haciendo algo terrible; se empieza con algo pequeño, luego un poco más, y cuando quieres darte cuenta ya estás lejos, pero la mente se justifica con “si he llegado hasta aquí, será por algo”. El entorno ayuda: un laboratorio, un lenguaje técnico, reglas claras, un rol asignado… todo eso hace que obedecer parezca lo “normal” y desobedecer parezca crear un problema. Y, por si fuera poco, decir “no” tiene un coste social: conflicto, vergüenza, sensación de estar fallando o siendo “difícil”.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Las implicaciones actuales son muy directas, porque la vida está llena de “batas blancas” simbólicas. En el trabajo, por ejemplo, la obediencia se disfraza de profesionalidad: “es lo que dice dirección”, “es el procedimiento”, “no le des vueltas”. A veces no es una persona mandando, sino un sistema: un protocolo, un guion de atención al cliente, un KPI, una norma interna o una herramienta que dicta decisiones. Y ese “no puedo hacer nada” es la versión moderna del “el experimento lo requiere”. En burocracias y organizaciones grandes, además, aparece la deshumanización: la persona se convierte en expediente, número o incidencia, y hacer daño se vuelve más fácil porque hay distancia emocional. En redes sociales pasa algo parecido, solo que la autoridad puede ser la multitud, la cuenta grande o el clima moral del grupo: se comparte, se humilla o se ataca porque “todo el mundo lo está haciendo”, y así se diluye la responsabilidad individual. La lógica es la misma: cuando la presión del contexto es fuerte y la responsabilidad parece repartida, el criterio propio se debilita.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La parte útil de Milgram no es quedarnos con el morbo del dato, sino entender cómo protegernos. La resistencia suele empezar por cosas pequeñas pero concretas: nombrar lo que está pasando (“me están pidiendo cruzar una línea”), frenar la escalada cuanto antes (cuanto más tarde, más cuesta), devolver responsabilidad (“necesito esto por escrito”, “¿quién lo autoriza?”, “¿qué consecuencias tiene?”), y buscar apoyo (cuando no estás solo, obedecer ciegamente decae muchísimo). A veces ayuda incluso una pausa física: levantarte, respirar, pedir cinco minutos; suena simple, pero corta el trance de “seguir por seguir”. La lección final es poco romántica pero muy práctica: no necesitas ser un héroe para resistir, necesitas darte cuenta de cuándo el contexto te está empujando a obedecer sin pensar, porque justo ahí es cuando más falta hace pensar.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 09 Feb 2026 17:48:52 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.salvadormendoza.es/la-trampa-de-la-obediencia</guid>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La sensación de vacío</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/la-sensacion-de-vacio</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/Gemini_Generated_Image_homjbrhomjbrhomj.png" alt=""/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Vacío Existencial
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h1&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando el personaje ya no te sirve
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay gente que llega a consulta diciendo algo así: “No me pasa nada grave… pero me siento vacío”. Tienen vida “normal”: trabajo, familia, rutinas. Y aun así por dentro hay desconexión, apatía, irritación, tristeza sin motivo claro o una ansiedad que no sabe contra qué pelear.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Una hipótesis útil para entender esto es sencilla:
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           nacemos con una base
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            y, con los años, construimos un
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           personaje
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            para adaptarnos. Cuando el personaje se aleja demasiado de la base, tarde o temprano aparecen crisis.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La base: lo que traes de serie
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cada persona viene con unas cartas: sensibilidad, nivel de energía, ritmo, capacidad para tolerar estrés, necesidad de estar con gente o de estar solo, facilidad para ilusionarse, tendencia a preocuparse, etc. No lo eliges. Te toca.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            A eso lo llamo
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           base
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           . No es una cárcel, pero sí marca un rango: hay formas de vida que te encajan mejor y otras que te pasan factura.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El personaje: lo que aprendes para encajar
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Luego, durante la infancia y la adolescencia, vas creando un “yo” para manejarte en el mundo. Aprendes qué se premia, qué se castiga, qué es seguro mostrar y qué conviene ocultar. Aprendes a cumplir expectativas, a evitar problemas, a ganarte el cariño o a no molestar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Ese “yo aprendido” es el
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           personaje
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           . Y a veces el personaje funciona tan bien hacia fuera que la persona se queda sin aire por dentro.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ejemplo típico:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Base: “necesito calma, espacio, hacer las cosas a mi ritmo”.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Personaje: “tengo que rendir, estar disponible, demostrar, no fallar”.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por fuera, correcto. Por dentro, desgaste.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las crisis: el aviso de que algo no encaja
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando ese desajuste dura demasiado, el sistema protesta. La protesta puede ser ansiedad, depresión, vacío, irritabilidad o la sensación de “mi vida no tiene sentido”. No siempre hay una tragedia. A veces el problema es simplemente que estás viviendo de una forma que no te encaja.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las crisis, vistas así, son como una revisión: te obligan a mirar lo que llevas años ignorando.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           “Pero si sabemos lo que hay que hacer… ¿por qué no lo hacemos?”
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando abordamos este tipo de planteamientos de vacío, a veces con desgana o desmotivación y otras con ansiedad o inquietud, uno de los primeros intentos de salir de dicho estado tiene que ver con comenzar a hacer algunos cambios. Son cambios que te permiten ver la dimensión del problema y para encontrar elementos del personaje creado que encajen en la base.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Aquí está la parte que desespera a muchos terapeutas (y a los pacientes): dices “duerme mejor, muévete un poco, reduce pantallas, sal al aire libre, busca contacto social, ordena horarios”… y la persona asiente, incluso lo entiende. Pero luego no lo hace.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Un profesor decía algo parecido a: tratar una depresión es fácil; lo difícil es que la persona haga lo que necesita hacer.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Y tiene razón: el problema rara vez es falta de información. El problema suele ser que
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           hacer el cambio toca algo profundo
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           .
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuatro frenos típicos
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;ol&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            El estado
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            En depresión hay poca energía, poca iniciativa y poca recompensa. A veces pedir grandes cambios es pedir demasiado. No es pereza: es incapacidad del momento.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            El hábito
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            La rutina tira fuerte. Si tu vida está montada para dormir mal, comer rápido y estar con el móvil hasta tarde, el cuerpo repite lo conocido. Cambiar cuesta porque tu día está diseñado para lo contrario.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            Evitar sentir
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Muchos cambios “buenos” hacen que aparezcan emociones: soledad, ansiedad, vacío, tristeza, rabia. Y si la persona lleva años evitando sentir, el cambio le da miedo.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            El personaje se defiende
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Esta es la clave: a veces mejorar amenaza la identidad.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ol&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            “Si me cuido, dejo de ser el que aguanta.”
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            “Si mejoro, ya no tengo excusa y me van a exigir más.”
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            “Si cambio, tengo que tomar decisiones y me da vértigo.”
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            “Si dejo de estar mal, me enfrento a un duelo pendiente.”
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En esos casos, no cambiar no es tontería: es una forma de mantenerse a salvo… aunque salga caro.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Dos carriles para que el cambio sea posible
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Decir “haz deporte” es correcto, pero muchas veces inútil. La adherencia no se gana con frases bonitas; se gana con un plan que el sistema pueda tolerar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1) Entender qué protege el “no”
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Cuando una persona no hace un cambio, la pregunta útil no es “¿por qué no quieres?”, sino:
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           ¿qué pierdes si lo haces?
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ahí suele aparecer la pieza oculta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2) Hacerlo tan pequeño que no asuste
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No se trata de heroicidades. Se trata de consistencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            No “hacer deporte”.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            Ponerte las zapatillas y salir 3 minutos
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            .
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            No “higiene del sueño perfecta”.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            Una regla
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            : misma hora de levantarse.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            No “cambiar de vida”.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            Un paso mínimo
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            , repetible incluso en un día malo.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Porque la identidad no cambia por entender; cambia cuando el cuerpo ve pruebas: “soy alguien que cumple algo pequeño cada día”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ¿Y lo biológico?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Claro que existe. El cuerpo cambia: hormonas, estrés, sueño, medicación, enfermedades, incluso cambios sostenidos tras años difíciles. Y eso afecta mucho.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Pero incluso cuando el origen es biológico o externo, el sufrimiento se vuelve crónico cuando el personaje intenta seguir igual, como si nada. Ahí vuelve la idea del encaje:
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           lo que antes servía, deja de servir
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           .
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Para qué sirve esta forma de abordarlo
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ayuda a ver que el síntoma a veces es un aviso, no un enemigo;
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            convierte la “resistencia” en información, no en culpa;
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;span&gt;&#xD;
          
             y te da un objetivo claro:
            &#xD;
        &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;strong&gt;&#xD;
        
            alinear vida, hábitos y decisiones con necesidades reales
           &#xD;
      &lt;/strong&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            .
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Cuando el personaje se ajusta a la base, no aparece la felicidad eterna. Pero sí suele volver algo muy valioso:
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           sensación de coherencia
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           . Y con coherencia, el sentido deja de ser una idea y vuelve a sentirse.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           (Este texto es divulgativo y no sustituye una evaluación profesional. Cada caso tiene matices biológicos, psicológicos y contextuales.)
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 05 Feb 2026 10:09:33 GMT</pubDate>
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      </media:content>
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    </item>
    <item>
      <title>Cuando el trabajo se mete en casa</title>
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&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Estrés y “espacios contaminados”: cuando el trabajo se te mete en casa
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El estrés, en dosis altas, es uno de los grandes combustibles de la ansiedad. Puede venir de mil sitios, pero hoy me voy a centrar en uno muy concreto: el estrés ligado al trabajo y a la responsabilidad laboral.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Descansar bien no es un capricho. Es el “reseteo” que necesita el sistema mente-cuerpo para empezar la siguiente jornada con energía. El problema es que muchas personas salen del trabajo, llegan a casa, se quitan los zapatos… y la cabeza sigue en la oficina. Rumiar, repasar conversaciones, anticipar problemas, discutir mentalmente con gente que ni siquiera está presente. Te suena?.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En este punto aparece un error muy habitual: contaminar el espacio de descanso. No hablo de contaminación del aire. Hablo de otra cosa más silenciosa: convertir el hogar (o parte de él) en un lugar que el cerebro empieza a asociar con el trabajo. Y cuando el cerebro hace una asociación, no suele pedirte permiso.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Para explicarlo, te cuento un caso real (nombre y circunstancias modificados para preservar la intimidad).
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           El caso de María José
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           María José vive sola en un pequeño apartamento tranquilo, con vistas a la montaña, a las afueras de la ciudad. Trabaja desde hace un tiempo en la oficina de un supermercado familiar que ha crecido y ya tiene varios locales en la misma ciudad. La contrataron para llevar la contabilidad y poner orden, porque hasta hace relativamente poco ese tema se llevaba “como se podía”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La oficina de administración y recepción de mercancía están en un polígono industrial. Cuando se le acumula el trabajo, a veces tiene que hacer horas extra para ponerse al día. Hasta aquí, nada raro.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Últimamente el volumen de trabajo aumenta y el "no me da la vida" se vuelve constante. María José decide hablar con su jefe, con quien tiene bastante confianza. Él entiende su agobio, pero le dice que de momento no pueden contratar a nadie más y que, si le paga las horas, no debería ser un gran problema.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           María José añade otro factor: algunas tardes, en invierno casi de noche, sale sola, el polígono está bastante solitario y ella pasa miedo hasta que llega a su coche. Tras valorar opciones, acuerdan una solución que en principio parece ideal: hacer las horas extra en casa, porque el programa informático puede ejecutarse desde cualquier ordenador, y el jefe confía en el tiempo que ella declare para contabilizarlo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Ese mismo día, mientras piensa qué material debe llevarse y cómo organizarse, su mente fabrica una escena agradable: trabajar sentada en su terraza, con vistas a la sierra, música elegida por ella (por fin), y esa sensación de “estar en casa” que parece automáticamente más relajante. Suena estupendo: pasar facturas y albaranes al ordenador en un entorno agradable.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           Tres meses después: la casa ya no descansa
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Tres meses más tarde, María José empieza a sentirse agobiada. Antes, cuando llegaba a casa tras la jornada laboral, notaba tranquilidad y desconectaba con facilidad. Ahora, incluso los días que no necesita trabajar en casa, intenta relajarse y de repente la cabeza se le va a un conflicto reciente: un malentendido con un empleado del almacén, una discusión con el jefe, y tensiones del trabajo que antes no solían acudir a su mente estando en casa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No era la primera vez que vivía situaciones similares, pero esta le afectó más. Además, duerme peor: se acuesta cansada, se despierta antes, y tiene esa sensación de “ruido mental” que no se apaga. Y claro, su conclusión es lógica: “estoy más sensible”, “me ha pillado en una época mala”, “tengo demasiado trabajo”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Todo eso influye, sí. Pero había algo que ella no estaba viendo:
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           su casa se había contaminado
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            de trabajo.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando María José empezó a trabajar desde casa, su mente comenzó a asociar ese espacio —que antes era descanso y despreocupación— con “modo oficina”. Al principio era solo la terraza. Luego, cuando hacía mal tiempo, se llevaba el portátil al salón. Alguna vez al dormitorio. Sin darse cuenta, el cerebro fue aprendiendo que “casa” también significaba “pendientes”, “responsabilidad” y “tareas sin terminar”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y aquí viene el truco desagradable: cuando el cerebro aprende que un lugar es para trabajar, luego le cuesta muy poco recordártelo. Aunque tú estés intentando cenar. Aunque estés viendo una serie. Aunque sea domingo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Dicho en una frase: si trabajas donde descansas, entonces también descansas donde trabajas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El resultado es previsible: el descanso pierde calidad, la rumiación gana terreno, y el estrés termina instalándose también en el hogar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La intervención: límites físicos para recuperar límites mentales
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Después de acudir a consulta y valorar el caso, María José tomó una decisión simple pero muy eficaz: habilitar un pequeño trastero junto a la cocina para colocar el ordenador y comprometerse a trabajar siempre en esa zona.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La clave no era el trastero en sí. La clave era concentrar el trabajo en un único lugar y dejar el resto de la casa —salón, dormitorio, terraza— como espacios de vida y descanso. El trastero era un espacio poco usado; “contaminar” eso tenía un coste mínimo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las vistas pasaron a ser un patio interior, sí. pero al cabo de un par de meses ocurrió algo muy interesante: volvió la normalidad. María José recuperó su capacidad de desconectar más fácilmente y el descanso mejoró. Había “descontaminado” sus zonas habituales.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En otros casos se plantea apurar el tiempo en el lugar de trabajo (oficina, etc.) para no contaminar ningún espacio doméstico. Pero en esta ocasión se descartó por una razón práctica: la oficina estaba en una zona poco recomendable para transitar sola a determinadas horas. La seguridad manda.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           Por qué ocurre esto (y por qué no es ninguna tontería)
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Nuestro cerebro reconoce el lugar en el que estamos a través de los sentidos —sobre todo vista, olfato y oído— y lo asocia a lo que solemos hacer allí. Es automático.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           A mucha gente le pasa algo curioso: entra en el baño “solo a lavarse los dientes” y de repente le entran ganas de usar el WC. No es magia. Es asociación. El cerebro ve el entorno y activa el “programa” típico de ese espacio.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Con el dormitorio ocurre lo mismo. En problemas de insomnio se trabaja mucho este punto: si la cama se usa para leer, ver series, estar con el móvil, comer o “resolver la vida” dándole vueltas a todo, el cerebro aprende que la cama es un sitio de actividad, no de sueño. Luego llega la noche y, sorpresa: la cama ya no invita a dormir.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Con el trabajo en casa, el mecanismo es idéntico: si el salón se convierte en oficina, el cerebro lo registra como oficina. Y después, cuando intentas relajarte en el mismo sitio, algo dentro de ti sigue “de guardia”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           Si trabajas desde casa: cómo evitar la contaminación
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La idea central es sencilla: cuantos menos espacios contamines, mejor. Porque la contaminación se propaga sin que te des cuenta: hoy contestas un email en el sofá, mañana haces una llamada desde la cama, pasado revisas un Excel en la mesa de la cocina… y al final el cerebro concluye que toda la casa es “zona laboral”.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           Recomendaciones prácticas:
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Elige un único lugar para trabajar y repítelo siempre. No tiene que ser un despacho. Puede ser una esquina, una mesa fija, un trastero habilitado, incluso un armario convertido en mini-puesto. Lo importante es la consistencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Evita trabajar en zonas de descanso: sofá, cama, dormitorio. El dormitorio, si puede ser, que sea casi un santuario de sueño.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si no te queda otra, intenta al menos que el trabajo “invasivo” (llamadas, reuniones, tareas de alta concentración) ocurra siempre en el mismo sitio.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Haz un ritual de cierre al terminar: guardar portátil, recoger, apagar luz de esa zona, cerrar puerta si se puede. Son señales simples, pero al cerebro le encantan las señales.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           Un par de matices importantes:
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            1. Un espacio no se contamina en dos días. Suele requerir repetición. Pero cuando se contamina, descontaminarlo también lleva tiempo, porque hay que reeducar la asociación: volver a vivir el salón como salón, la cama como cama y la terraza como terraza.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2. No todas las personas que teletrabajan sufren las consecuencias de la contaminación de igual manera, pues ya se sabe: cada uno es cada uno...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si notas que tu descanso se deteriora, que la rumiación aumenta o que el estrés se queda contigo incluso en casa, no lo normalices. No es “tu carácter”. Muchas veces es un hábito instalado, y los hábitos, por suerte, se pueden cambiar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 20:18:45 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.salvadormendoza.es/cuando-el-trabajo-se-mete-en-casa</guid>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>El culto a la productividad: cuando descansar te hace sentir culpable</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/el-culto-a-la-productividad-cuando-descansar-te-hace-sentir-culpable</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El Culto a la Productividad
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/Captura-bbb8bdc0.JPG"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          El culto a la productividad: cuando descansar te hace sentir culpable
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Vivimos en una cultura que mide el valor de una persona por lo que produce. No por lo que es, ni por lo que siente, ni por lo que aporta al mundo de forma intangible. No: lo que cuenta es lo que haces, lo que logras, lo que marcas como "hecho" en tu lista de tareas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y si un día te paras, si decides no hacer nada, si necesitas un descanso, aparece esa sensación incómoda que no siempre sabes nombrar: culpa. Culpa por estar perdiendo el tiempo. Culpa por no ser productivo. Culpa por no aprovechar al máximo el día.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           La productividad como identidad
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          "Estoy a tope" se ha convertido en una forma aceptada (y hasta admirada) de definirse. Parece que si no vas con prisa, si no estás estresado, si no tienes varias cosas pendientes, es que algo estás haciendo mal. Se ha instalado la idea de que el descanso es un lujo, no una necesidad. Como si solo pudieras permitirte parar cuando ya estás reventado, cuando no te queda otra. Y a veces ni así.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           El mito del tiempo bien aprovechado
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Vivimos bombardeados por frases tipo "aprovecha cada minuto", "levántate antes que los demás", "haz que cada día cuente". Y suena muy inspirador... hasta que te das cuenta de que te están robando la posibilidad de simplemente estar. De aburrirte, de no hacer nada, de mirar al techo sin sentirte un vago.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El cuerpo no es tonto
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           La fatiga no es un fallo. Es una señal
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
    
          . 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Pero estamos tan desconectados del cuerpo que solo lo escuchamos cuando nos grita. Entonces vienen los mareos, la ansiedad, la irritabilidad, la falta de concentración. Y aún así, hay quien se fuerza a seguir porque "queda mucho por hacer". El cuerpo pide pausa, pero la mente dice que no es momento. Nunca lo es.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Cuando descansar da verguenza
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Muchos necesitan justificarse para descansar. "Hoy no he hecho nada, pero ayer trabajé mucho". "Me he dado la tarde libre, pero es que llevo una semana a mil". Como si hiciera falta pedir permiso para no hacer. Como si el descanso solo fuera válido si viene precedido de agotamiento extremo.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Recuperar el sentido de parar
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Descansar no es dejar de vivir.
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Es vivir de otra manera. No es una pérdida de tiempo, es una forma de recuperarlo. Estar sin hacer nada también es valioso. Mirar por la ventana. Escuchar una canción sin hacer otra cosa. Dar un paseo sin rumbo. Dormir una siesta. Estar. Respirar. Y punto.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          No somos máquinas. No vinimos al mundo a optimizar nuestro tiempo. No eres mejor persona por tachar más cosas de una lista. Hay días para avanzar, y hay días para parar. Y los dos cuentan.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Si descansar te hace sentir culpable, el problema no está en el descanso. Está en el discurso que te han vendido.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y si hay que desobedecer esa exigencia constante de rendimiento para poder vivir mejor, entonces que empiece la huelga. La del descanso sin culpa.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 12 Jun 2025 17:07:29 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Relaciones Tóxicas: duelen más de lo que aportan</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/relaciones-toxicas-duelen-mas-de-lo-que-aportan</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         Relaciones de pareja tóxicas: cuando el amor se convierte en un experimento fallido
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Hay relaciones que empiezan con muchas ganas, con conexión, con intensidad. Pero con el tiempo, esa intensidad se transforma en malestar, en confusión, en una especie de cansancio que no se explica fácilmente. Relaciones en las que uno siente que está perdiendo el equilibrio, pero no sabe si es por la pareja o por uno mismo. Las relaciones tóxicas no siempre son evidentes. A veces se camuflan en gestos cotidianos, en dinámicas que se van normalizando poco a poco.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Vamos a ponerle nombre al asunto. Una relación tóxica no es simplemente una relación con discusiones. Discutir es normal. Lo tóxico aparece cuando una de las partes (o ambas) empieza a minar la dignidad, la libertad, el equilibrio emocional o la identidad del otro. A veces de forma directa, a veces desde actitudes que se repiten sin necesidad de levantar la voz.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           "Pero es que nos queremos mucho..."
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El amor, por muy intenso que sea, no justifica que te sientas incómodo constantemente. Si cada vez que estás con esa persona sientes ansiedad, miedo, confusión o la necesidad de justificar lo que está pasando, algo no va bien. Amar no debería implicar tener que explicarle a los demás que todo está bien, mientras tú sabes que no lo está.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Hay relaciones en las que uno aprende a callarse. Empieza evitando ciertos temas, cambiando su forma de hablar, de vestirse o de relacionarse para no provocar una reacción negativa en la otra persona. No porque haya gritos, sino porque ya conoces el patrón: cuando algo no le gusta, se molesta, se cierra, se pone frío o simplemente te castiga con el silencio. Y ese silencio duele.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En otras relaciones, los celos se presentan como una muestra de amor. Frases como "es que me importas demasiado" o "me pongo así porque no quiero perderte" van justificando comportamientos controladores: revisar el móvil, pedir explicaciones constantes, decidir con quién puedes o no salir. Y lo llamas amor porque al principio parecía cariño, pero ahora empieza a ser incómodo.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          También existen parejas que viven en un vaivén constante. Hoy todo está bien, mañana una discusión, pasado reconciliación, y vuelta a empezar. No hay estabilidad emocional, solo extremos. Cuando no hay problema, parece que falta algo. Y eso acaba por agotarte, porque siempre estás con la sensación de que algo puede estallar en cualquier momento.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y están las relaciones donde uno se dedica a cuidar emocionalmente al otro. A sostenerlo, calmarlo, entenderlo, explicarle todo. Relaciones donde uno asume el papel de contención permanente, olvidándose de sus propias necesidades. Poco a poco, uno se acostumbra a estar en segundo plano, creyendo que es lo que toca para que la relación funcione.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Lo tóxico no siempre grita
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Esto es importante: no todo lo tóxico es ruidoso. Hay relaciones frías, con desprecios cotidianos, silencios que incomodan, ironías constantes. Relaciones donde uno deja de hablar para no molestar. Donde te adaptas tanto que ya no sabes quién eras. Y eso, aunque no explote, también desgasta.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Antes de seguir, conviene dejar algo claro: en este tipo de relaciones no siempre hay un "malo" y una "víctima". Lo tóxico suele ser una dinámica que se construye entre dos personas, con responsabilidades compartidas, aunque no siempre en igual medida. A veces uno controla y el otro permite, uno manipula y el otro cede, uno exige y el otro se borra. No se trata de repartir culpas como si fuera un juicio, sino de ver cómo cada parte ha ido sosteniendo ese vínculo desequilibrado.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           ¿Y por qué cuesta tanto salir?
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Porque hay momentos buenos que confunden. Porque hay miedo a la soledad. Porque la autoestima ya está erosionada y uno empieza a pensar que "bueno, tampoco estoy tan mal". Porque hay culpas que no son tuyas pero las cargas como si lo fueran. Porque crees que puedes cambiar a la otra persona. No puedes. Las personas cambian si quieren, no porque tú te desgastes.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Entonces... ¿se puede salir?
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Claro que se puede. Pero no desde la idea de que el otro va a cambiar, sino desde la reconexión contigo. ¿Quién eras antes de esta relación? ¿Qué dejaste de hacer, de decir, de sentir? ¿Qué amistades dejaste por el camino? A veces no hace falta ni una ruptura inmediata, sino empezar por poner límites internos, cuestionar lo que estás normalizando.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Salir de una relación tóxica no es un acto heroico de un día. Es un proceso. Con retrocesos, con dudas, con recaídas. Pero cada paso que das hacia tu bienestar vale más que mil promesas vacías. Porque una cosa es que el amor te afecte, y otra es que te anule.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y si en algún momento te preguntas si estás exagerando, si eres tú el problema, si estás siendo egoísta por pensar en ti... recuerda: una relación sana no necesita que te traiciones para que funcione.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          A veces, lo más valiente no es insistir en salvar una relación. Es reconocer que no funciona y tomar decisiones que prioricen tu equilibrio.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sun, 25 May 2025 19:42:54 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>El síndrome del impostor: cuando sientes que no es tu sitio, aunque sea tuyo</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/el-sindrome-del-impostor-cuando-sientes-que-no-es-tu-sitio-aunque-sea-tuyo</link>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         El síndrome del impostor: cuando sientes que no es tu sitio, aunque sea tuyo
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/el+sindrome+del+impostor.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          A veces las cosas salen bien. El trabajo, el proyecto, el reconocimiento, el espacio. Y, sin embargo, por dentro algo se mueve raro. Una incomodidad sorda, como si estuvieras ocupando un lugar que no te corresponde. Estás sentado en la mesa, con la silla asignada, el nombre en la tarjeta… pero tienes la sensación de que es cuestión de tiempo hasta que alguien aparezca y te diga: “perdona, pero tú no deberías estar aquí”.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El síndrome del impostor no es un pensamiento que puedas desmontar fácilmente. Es una sensación que se mete en el cuerpo, en la piel, en la nuca. Es entrar en una reunión y sentir que todos saben hablar un idioma secreto que tú no manejas. Es presentar un proyecto y pensar que solo tuviste suerte. Es vivir con la sospecha de que los demás creen que eres mejor de lo que realmente eres, y que cualquier día se van a dar cuenta.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          No importa si tienes pruebas, títulos, años de experiencia, resultados. Por dentro no terminas de creértelo. Es como si hubiera un hueco entre lo que haces y lo que sientes. Como si cada éxito solo sirviera para aumentar la presión de no fallar. Y claro, eso agota. Porque no solo haces las cosas: las haces cargando con el miedo de que todo se derrumbe si dejas de intentarlo tan fuerte.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y mientras tanto, sonríes. Sigues adelante. Trabajas. Cumples. Pero con ese vértigo pegado al pecho. Ese pequeño temblor interno que no deja que disfrutes de verdad lo que consigues. Cada paso adelante es alegría, sí, pero también vértigo: porque ahora hay más que perder. Porque ahora hay más ojos mirando. Porque ahora hay más que demostrar.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El síndrome del impostor no es una enfermedad que se cura, ni un obstáculo que se salta. Es una parte incómoda de crecer, de enfrentarte a nuevos retos, de atreverte a estar en lugares donde nunca antes habías estado. No es un enemigo a eliminar, sino una voz interna a la que hay que conocer y aprender a no obedecer siempre.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Porque en el fondo no eres un fraude. Lo que pasa es que estás vivo, consciente, despierto. Y las personas que están despiertas dudan. Dudan porque se importan. Porque no les da igual. Porque no van con el piloto automático. Dudan porque saben que no saben todo. Y eso, lejos de restarte, te hace más humano, más humilde, más capaz.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          No tienes que “superar” el síndrome del impostor. Tienes que reconocerlo, abrazarlo, y decidir actuar aunque esté ahí. Porque no va a desaparecer del todo. Pero tampoco manda. No decide. Solo opina. Y tú puedes mirarlo de reojo y decirle: “ya te escuché, gracias, ahora déjame trabajar”.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Al final, como dijo Neil Gaiman (o Amy Poehler, da igual, seguro también se sentían impostores):
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          “La mayoría estamos fingiendo. Solo que algunos lo disimulan mejor.”
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y esa es la verdad. Nadie tiene todas las respuestas. Nadie está tan seguro como parece. Y aun así, seguimos. Y merecemos seguir.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 06 May 2025 17:58:05 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Del miedo al orgullo: una guía emocional sin drama</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/del-miedo-al-orgullo-una-guia-emocional-sin-drama</link>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         Del miedo al orgullo: una guía emocional sin drama
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/emociones+complejas.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         Hay emociones que todo el mundo reconoce sin necesidad de leer a Freud ni hacer un curso de mindfulness. Miedo, alegría, tristeza, ira, sorpresa, asco. Las de toda la vida. Las que vienen de serie, como el navegador preinstalado del cerebro. Son las emociones básicas: rápidas, automáticas, y compartidas con casi todos los mamíferos que se respeten. Si te sale un perro ladrando de repente, no necesitas hacer un análisis profundo de tu infancia para saltar del susto. Tu cuerpo ya sabe qué hacer antes de que tú tengas tiempo de decir "uy".
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Estas emociones básicas están ahí para ayudarte a sobrevivir. Literalmente. El miedo te hace escapar, la ira defenderte, la tristeza pedir apoyo, la alegría vincularte, el asco evitar lo tóxico, la sorpresa prepararte para lo inesperado. Son como botones de emergencia que el cuerpo activa sin consultarte. Porque sí, por muy listo que seas, tu sistema nervioso no se fía del todo de ti.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Pero luego están las otras. Las emociones que ya no son tan universales ni tan instintivas. Culpa, vergüenza, orgullo, celos, nostalgia, gratitud. Estas no vienen de fábrica, se van construyendo. No son solo reacción física: necesitan pensamiento, memoria, contexto y algo de drama. Porque una buena emoción compleja siempre trae historia detrás. Podrían llamarse emociones narrativas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          No nacemos sabiendo sentir culpa. Hay que aprender qué es un “error” y por qué eso nos hace “malos” según cierta cultura. No nacemos sintiendo envidia. Primero tenemos que aprender a compararnos y después convencernos de que el otro tiene algo que nos falta. Y así con muchas más. Las emociones complejas no son rápidas ni automáticas: son cocinadas a fuego lento, con ingredientes sociales, familiares y personales. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Lo interesante es que muchas veces nos confundimos. Pensamos que sentimos una emoción básica, cuando en realidad lo que tenemos encima es una ensalada emocional con ingredientes que ni sabíamos que estaban ahí. Creemos que estamos “enfadados”, pero en realidad estamos dolidos, inseguros y con un poco de celos disfrazados. O pensamos que estamos “tristes”, pero lo que sentimos es culpa, frustración y un poco de hambre, todo mezclado.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Aprender a distinguir entre emociones básicas y complejas no es solo un ejercicio académico. Es una forma de entendernos mejor. De no reaccionar con todo el cuerpo cuando lo que en realidad necesitamos es entender la historia que hay detrás. Y de paso, dejar de culpar a otros por lo que en realidad es una batalla interna que llevamos arrastrando desde el cole.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Así que la próxima vez que te sientas mal y no sepas por qué, antes de montar el drama o reprimirlo como si fueras un robot zen, hazte una pregunta básica: ¿esto que siento es de fábrica, o es una receta casera que he ido aprendiendo con los años? Solo con eso, ya estás un poco más cerca de no dejarte arrastrar por emociones que ni siquiera sabías que tenías.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 21 Apr 2025 10:56:21 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>AUTOESTIMA: CUANDO TE CREÍSTE LO QUE TE DECÍAN (Y AHORA NO SABES QUIÉN ERES)</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/autoestima-cuando-te-creiste-lo-que-te-decian-y-ahora-no-sabes-quien-eres</link>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         AUTOESTIMA: CUANDO TE CREÍSTE LO QUE TE DECÍAN (Y AHORA NO SABES QUIÉN ERES)
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/DALL-E+2025-04-06+21.03.37+-+A+less+realistic+colored+pencil+drawing-+with+expressive+and+slig.webp"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         Vamos a hablar de autoestima. Pero en serio. No de esas frases ñoñas que encuentras en Instagram sobre “quererse mucho” mientras sale una chica besando a un espejo. No. Vamos a hablar de lo que pasa cuando te educan a base de juicios, como si fueras un plato en MasterChef y las posibles consecuencias cuando eres mayor.
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Porque aunque a veces se pongan de moda los halagos y las buenas palabras, al final lo que muchos recibimos fue una educación basada en la valoración constante. Valoración, juicio, opinión, etiqueta... llámalo como quieras. La trampa es la misma: te miraban, te analizaban y te decían si eras “bueno”, “listo”, “torpe”, “vago” o “genial”. Si era con halagos, te hinchabas un poco el pecho; si era con críticas, te escondías detrás de la cortina. Pero en ambos casos el mensaje era el mismo: no eres suficiente si no cumples con lo que se espera de ti.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En ocasiones, aunque no fueses el objetivo de esas etiquetas, oías a tus familiares y compañeros de escuela criticar o valorar a otros frente a tus narices, o juzgar el físico o el carácter de algún famoso de la tele.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Un día traías una torre de Lego todo orgulloso, y te soltaban un “¡Qué listo eres, qué bien lo haces!”. Y claro, tú sonreías, pero sin saberlo empezabas a asociar tu valor con ese logro. No con el disfrute, no con el proceso, sino con el resultado. Y el día que la torre se caía... te preguntabas si seguías siendo “listo” o si se te había caducado el título. Y así, sin quererlo, te ibas construyendo con materiales prestados y etiquetas pegadas en tu frente.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Otro día te ponías a hablar emocionado sobre algo que habías descubierto —un dato curioso, una tontería de crío, da igual— y la respuesta era un bufido: “Anda, calla ya, que siempre estás diciendo tonterías”. No hacía falta mucho más para que dejaras de hablar, para que empezaras a pensar que lo que salía de tu boca no tenía valor, que mejor calladito. Y desde ahí, poco a poco, nacía la idea de que molestas, que sobras, que tus ideas no interesan a nadie.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Lo más tramposo de todo es que ambas reacciones —el halago o la crítica— llevan al mismo sitio: una autoestima hipotecada. No te defines tú, sino la cara que pone el otro cuando te mira. ¿Aprobación o decepción? Eso marca el día. Y si pasas demasiados años viviendo así, llega un punto en el que no sabes quién eres si no hay nadie delante juzgando. Es como si necesitaras siempre un espejo humano para saber si existes.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La autoestima no es sentirse especial. Es estar en paz contigo mismo incluso cuando no estás logrando nada especial o no te ves con atractivo frente al espejito. Es poder pensar “esto soy” sin tener que justificarlo con éxitos, ni esconderlo por errores. Pero si creciste rodeado de juicio —aunque viniera envuelto en papel de regalo—, es lógico que hoy necesites validación para todo, desde lo que llevas puesto hasta lo que opinas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y no, no se trata de buscar culpables. Los padres lo hacen lo mejor que pueden, con las herramientas que tienen. Pero se trata de entender que, si la voz en tu cabeza suena como un jurado exigente, probablemente aprendiste a juzgarte porque primero te juzgaron. Con buena intención, claro, pero con consecuencias.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Salir de esta dinámica es posible. No es rápido, ni cómodo, pero es posible. Empieza por no buscar aplausos, ni permiso. Por darte espacio. Por darte cuenta cada vez que necesitas aprobación para respirar. Y por responderte con otra pregunta: ¿quién soy yo cuando nadie me está evaluando?
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Si esa pregunta te incomoda, enhorabuena. Estás empezando a tirar del hilo.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Y ahí, justo ahí, empieza la autoestima de verdad, la que no hace falta tener para conocer el valor que todo ser humano posee.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sun, 06 Apr 2025 19:21:07 GMT</pubDate>
      <author>183:793944102 (Salvador Mendoza García)</author>
      <guid>https://www.salvadormendoza.es/autoestima-cuando-te-creiste-lo-que-te-decian-y-ahora-no-sabes-quien-eres</guid>
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    <item>
      <title>¿Quién vive ahi?</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/quien-vive-ahi</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         ¿Quién vive ahí?
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/imagen+articulo+quien+vive+ahi.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las "Entidades" que Habitan en Nuestro Ser y Cómo Afectan a Nuestro Bienestar
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Dentro de cada uno de nosotros coexisten varias "entidades" que afectan a nuestras decisiones, emociones y comportamientos. No se trata de seres externos, sino de diferentes aspectos de nuestro cuerpo/psique que tienen un papel crucial en nuestra vida diaria. Estas entidades son la Mente Racional, el Ego, el Cuerpo, las Emociones, la Consciencia y el Instinto Animal. Todas interactúan entre sí y logran, o no, un equilibrio que determina nuestro bienestar. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No pretendo que este artículo tenga un rigor científico, ya que su objetivo es ofrecer ideas sencillas y útiles para la vida cotidiana, más que profundizar en teorías complejas. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1. La Mente Racional – El Estratega
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La mente racional es la que organiza, interpreta, analiza y busca soluciones. Es la parte que te ayuda a hacer planes, resolver problemas y tomar decisiones lógicas. Le gusta el control y prefiere el orden a la incertidumbre. Utiliza el lenguaje como medio para expresarse.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero la mente racional no siempre está en sintonía con las emociones o el cuerpo. Cuando no se escucha a estas otras partes, pueden surgir conflictos. Aunque la mente puede planificar muy bien, no siempre tiene en cuenta las necesidades emocionales o físicas. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2. El Ego – El Arquitecto de la Identidad
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            El
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ego
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            se encarga de construir y proteger nuestra identidad. Es la parte de nosotros que se preocupa por cómo nos ven los demás, quiere ser valorada y apreciada. Aunque muchas veces se le asocia con lo negativo, el ego también nos da la motivación para superarnos, establecer metas y sentirnos realizados. Sin embargo, cuando el Ego toma demasiado control, podemos obsesionarnos con la aprobación externa y olvidar nuestras necesidades más profundas. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El Ego no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero necesita estar en equilibrio con las demás entidades para que no dirija todos nuestros comportamientos. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3. El Cuerpo – El Sabio en Silencio
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El cuerpo es quien nos da las señales más claras de lo que realmente necesitamos, pero muchas veces lo ignoramos. El cuerpo habla a través de sensaciones físicas: cansancio, energía, dolor o bienestar. Cuando no lo escuchamos, el cuerpo empieza a gritar en forma de dolores, tensiones o enfermedades. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El Ego y la mente racional, en ocasiones, tratan de ignorar las señales del cuerpo para seguir adelante con los planes o mantener la apariencia, pero a largo plazo, eso puede ser perjudicial para nuestra salud. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4. Las Emociones – El Torbellino Interior
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las emociones son las que nos mueven. Son poderosas, impredecibles y, a menudo, difíciles de controlar. Nos dicen lo que realmente sentimos sobre una situación, más allá de lo que la mente racional planea. Las emociones nos conectan con lo que realmente nos importa en la vida. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Sentimos emociones básicas que nos impulsan a reaccionar para sobrevivir, relacionarnos, proteger al grupo, etc., y otras más complejas que tienen que ver con nuestra capacidad de imaginar y recordar: esperanza, frustración, vergüenza, etc.  
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El desafío es aprender a escuchar nuestras emociones sin dejarnos arrastrar completamente por ellas, ya que a veces pueden ser abrumadoras o guiarnos de manera impulsiva. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           5. La Consciencia – El Observador Imparcial
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La consciencia es la entidad que observa todo lo que ocurre dentro de nosotros sin involucrarse demasiado. Es la que nos permite tomar distancia y reflexionar. Cuando cultivamos nuestra consciencia, podemos gestionar mejor nuestras emociones, las necesidades del cuerpo y las demandas del ego. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La consciencia no toma partido ni fuerza decisiones, pero nos da la perspectiva para ver cómo todas las demás entidades interactúan y nos permite actuar con más claridad. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           De hecho, es probable que este texto lo estés leyendo activando tu consciencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           6. El Instinto Animal – El Guardián Primario
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El instinto es nuestra parte más primitiva. Está ahí para protegernos del peligro, para reaccionar de manera rápida ante situaciones que percibe como amenazas y también para relacionarnos, reproducirnos, etc. Sin embargo, en el contexto moderno, este instinto puede malinterpretar situaciones, activando respuestas de lucha o huida ante amenazas que no son reales (como una situación estresante en el trabajo, por ejemplo). 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El instinto es crucial para nuestra supervivencia, pero a veces entra en conflicto con la mente racional, que prefiere analizar antes de actuar, o con el ego, que quiere mantener una imagen de fortaleza ante los demás. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cómo Interactúan las Entidades
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cada una de estas entidades tiene un papel importante, pero es la forma en la que interactúan entre sí lo que determina nuestro bienestar general. Veamos cómo se relacionan: 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            La Mente Racional y las Emociones
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            : La mente quiere orden y lógica, mientras que las emociones son impredecibles y a menudo no tienen sentido para la lógica racional. La clave es aprender a escuchar las emociones sin permitir que dominen completamente nuestras decisiones, y a la vez, dejar que la mente racional nos guíe sin ignorar lo que sentimos. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            El Ego y el Cuerpo
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            : A menudo, el Ego ignora las necesidades del cuerpo para mantener una imagen o cumplir con expectativas externas. Por ejemplo, podemos seguir trabajando o haciendo ejercicio a pesar de que nuestro cuerpo nos pide descanso. Esta desconexión entre el Ego y el cuerpo puede llevar a enfermedades o agotamiento. El equilibrio radica en permitir que el cuerpo tenga voz en nuestras decisiones, sin que el Ego lo silencie. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            El Ego y las Emociones
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            : El Ego quiere mantener el control y proyectar una imagen de fortaleza, mientras que las emociones pueden hacer que nos sintamos vulnerables. El Ego a veces intenta reprimir las emociones para evitar mostrarse débil, pero esta represión puede generar tensiones internas. Es importante que el Ego permita que las emociones se expresen, sin preocuparse tanto por lo que los demás pensarán. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            La Consciencia y las Demás Entidades
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            : La Consciencia es quien puede ver el panorama completo. Nos permite notar cuando el Ego está tomando demasiado control, cuando la mente está sobreanalizando, o cuando las emociones necesitan ser atendidas. No toma partido, pero su capacidad de observar sin juzgar nos ayuda a encontrar un equilibrio entre todas las demás entidades. Cuando activamos nuestra consciencia, podemos navegar mejor por los conflictos internos. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            El Instinto y la Mente Racional
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            : El instinto actúa rápido, sin pensar, mientras que la mente racional quiere analizar cada situación. A veces, este conflicto puede generar ansiedad: el instinto nos impulsa a reaccionar, mientras que la mente racional nos dice que esperemos. Encontrar el equilibrio entre la rapidez del instinto y la reflexión de la mente es clave para tomar decisiones efectivas sin caer en impulsividad o parálisis. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El Camino hacia el Equilibrio
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El bienestar se logra cuando todas estas entidades encuentran un equilibrio. No se trata de silenciar al Ego, de controlar las emociones, ni de dejar que la mente racional tome todas las decisiones. Se trata de permitir que cada una de estas partes de nosotros tenga su lugar y de ser conscientes de cuándo una de ellas está dominando de manera negativa. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            La
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Consciencia
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            es nuestra mayor aliada para lograr este equilibrio, ya que nos permite observar cómo interactúan todas las entidades y hacer ajustes cuando es necesario. Nos permite escuchar al cuerpo cuando necesita descanso, reconocer las emociones cuando necesitan ser expresadas, y moderar al Ego cuando está tomando demasiado control. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cada entidad tiene su valor, y el objetivo no es eliminar ninguna de ellas, sino aprender a vivir con todas de manera armoniosa. El bienestar surge cuando logramos que todas nuestras partes trabajen juntas, en lugar de competir entre ellas. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            Este equilibrio es lo que nos permite vivir una vida más plena y en paz con nosotros mismos, aceptando cada parte de nuestra psique sin dejar que ninguna domine por completo. ¡Recuerda, todas las entidades dentro de ti tienen su función, y cuanto más las conozcas, mejor será tu bienestar! 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 01 Oct 2024 10:47:04 GMT</pubDate>
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    <item>
      <title>La creación de apegos en la infancia y su relación con la edad adulta</title>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         Los apegos emocionales en la infancia y su relación con la vida adulta
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/DALL%C3%82-E+2024-06-20+09.34.25+-+A+minimalist+and+creative+image+illustrating+the+avoidant+attachment+style.+Show+a+lone+figure+standing+far+from+a+group-+surrounded+by+walls.+The+des.webp"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los estilos de apego desarrollados en la infancia influyen en cómo las personas se relacionan con varias áreas de su vida adulta
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           . 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          El apego es el vínculo emocional que se forma entre una persona, generalmente un niño
          &#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           /a
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    
          , y su cuidador principal. Este lazo proporciona seguridad y afecto, y es crucial para el desarrollo emocional y social del individuo. Un apego fuerte y seguro ayuda a construir relaciones saludables y confianza en uno mismo a lo largo de la vida.
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           El apego seguro fomenta relaciones equilibradas y saludables, mientras que los estilos inseguros pueden conducir a dependencias, evitación o conflictos en diversas áreas, como el apego intelectual, social, espiritual, a la rutina y a la tecnología. Asimismo, existen trastornos psicológicos en etapas jóvenes y adultas que están relacionados con estos vínculos formados en la infancia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Reconocer estas conexiones es fundamental para entender y mejorar el bienestar emocional y las relaciones a lo largo de la vida.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Veamos los tipos de apego formados en la infancia y su relación con los que se pueden establecer en la vida adulta.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1. Apego Seguro
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los niños con apego seguro sienten que sus cuidadores son una base segura y responden de manera consistente a sus necesidades emocionales y físicas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Causas en la Infancia: Cuidadores sensibles y atentos, que responden de manera apropiada a las señales del niño
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           .
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            En la vida adulta:
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Forman relaciones saludables y confiadas con otros.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Se sienten seguros explorando nuevas ideas y aprendiendo, sin miedo al error o al juicio.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Se integran fácilmente en grupos y comunidades, manteniendo su identidad y sin miedo al rechazo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Desarrollan una conexión equilibrada con creencias espirituales, sin depender de ellas para su autoestima.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Mantienen rutinas saludables sin sentirse rígidos o ansiosos cuando hay cambios.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Usan la tecnología de manera equilibrada, sin desarrollar dependencia o adicción.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2. Apego Inseguro Evitativo
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los niños con apego evitativo aprenden a auto-consolarse y a no depender de los demás debido a cuidadores emocionalmente distantes o no disponibles.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Causas en la Infancia: Cuidadores que desalientan la expresión emocional o que no están disponibles emocionalmente.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En la vida adulta tienden a:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Evitar la intimidad y pueden parecer distantes en sus relaciones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Mostrarse cerrados a nuevas ideas o cambios en sus creencias firmes.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Evitar la participación en grupos sociales, prefiriendo la independencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Ser escépticos o distantes de prácticas espirituales, buscando autonomía.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Tener rutinas estrictas como una forma de mantener el control y evitar la incertidumbre.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Usar la tecnología como un escape para evitar interacciones sociales.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ejemplo de consecuencia: Trastorno de Personalidad por Evitación
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Descripción: Los adultos con este apego pueden evitar relaciones íntimas y situaciones que requieran interacción social debido al miedo a la crítica, desaprobación o rechazo.
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3. Apego Inseguro Ambivalente
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los niños con apego ambivalente experimentan respuestas inconsistentes de sus cuidadores, a veces disponibles y otras veces no.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Causas en la Infancia: Cuidadores impredecibles en su disponibilidad y respuesta a las necesidades del niño.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En la vida adulta pueden:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Tener relaciones marcadas por la ansiedad y la dependencia, buscando validación constante.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Ser inseguros respecto a sus conocimientos y buscar constante aprobación externa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Mostrarse muy dependientes de la aprobación social y temer el rechazo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Aferrarse intensamente a creencias espirituales como una fuente de seguridad y consuelo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Depender fuertemente de rutinas para sentir estabilidad y seguridad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Volverse dependientes de la tecnología para recibir validación social y conexión constante.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ejemplo de Trastorno en Edades Adultas: Trastorno de Ansiedad Generalizada
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Descripción: Los adultos con apego ambivalente pueden sufrir de preocupación excesiva y constante por diferentes aspectos de la vida, acompañado de síntomas físicos como tensión muscular y fatiga.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4. Apego Desorganizado
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los niños con apego desorganizado han experimentado comportamientos contradictorios y a menudo aterradores de sus cuidadores, como abuso o negligencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Causas en la Infancia: Cuidadores que son fuente de temor o maltrato, o que tienen comportamientos extremadamente inconsistentes y caóticos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En la vida adulta tienden a:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Tener relaciones caóticas y conflictivas, con dificultad para regular las emociones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Mostrar confusión y conflicto respecto a sus ideas y creencias.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Tener dificultades significativas para mantener relaciones sociales estables.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Establecer una relación confusa o ambivalente con la espiritualidad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Tener dificultades para establecer y mantener rutinas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           - Desarrollar una relación problemática con la tecnología, usando de manera desorganizada o compulsiva.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ejemplo de Trastorno en Edades Adultas: Trastorno Límite de la Personalidad
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Descripción: Los adultos con apego desorganizado pueden tener relaciones intensas e inestables, problemas de autoimagen y comportamientos impulsivos, así como una intensa reacción emocional.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si te has identificado con alguno de estos tipos de apego, ten en cuenta que las consecuencias en la vida adulta se pueden regular para llevar una vida emocionalmente más estable. Muchas personas logran adaptarse y generar cambios significativos en sus vidas. Si no lo consigues por tu cuenta, buscar ayuda profesional puede ser una excelente manera de abordar y desbloquear las consecuencias de los apegos inseguros.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 20 Jun 2024 11:00:42 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.salvadormendoza.es/la-creacion-de-apegos-en-la-infancia-y-su-relacion-con-la-edad-adulta</guid>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>"El Conflicto Interno: Cómo Nuestra Herencia Evolutiva Influye en Nuestra Vida Diaria"</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/el-conflicto-interno-como-nuestra-herencia-evolutiva-influye-en-nuestra-vida-diaria</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         "Sumérgete en la aventura de entender cómo nuestros ancestros nos dejaron un legado en forma de instintos y emociones, y descubre cómo este antiguo software influye en nuestra búsqueda moderna de la felicidad. ¿Estás listo para actualizar tu sistema?"
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/DALL-E+2024-03-18+08.55.41+-+A+creative+and+humorous+illustration+of+the+famous+evolutionary+sequence-+transformed+to+fit+the+theme+of+the+article.+The+sequence+starts+with+a+prim.webp"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Imagínate que somos como unos smartphones de última generación, pero en lugar de chips y circuitos, estamos hechos de genes y neuronas. Nuestro software viene de fábrica con unas apps preinstaladas que han ido evolucionando durante miles de años. Estas apps son nuestros instintos y emociones, diseñados para que la especie humana sobreviva y se reproduzca. Pero aquí está el giro: mientras que un teléfono está hecho para funcionar de manera óptima con sus apps de fábrica, nosotros, los humanos, tenemos algo más. Tenemos algo parecido a una app de conciencia que nos permite pensar sobre nuestro pensamiento, sentir sobre nuestros sentimientos y cuestionar todo lo que viene preprogramado.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero, ¿qué pasa cuando este sistema operativo avanzado que tenemos encuentra un error o un conflicto entre apps? Bueno, es como cuando tu teléfono se traba porque dos apps están tratando de hacer cosas diferentes al mismo tiempo. Nuestros cerebros, increíblemente complejos, están llenos de estas tensiones. Por un lado, tenemos instintos básicos y emociones que nos empujan hacia comportamientos que alguna vez fueron útiles para nuestros ancestros (como la ansiedad que nos mantenía alerta ante depredadores, o el fuerte impulso de proteger y cuidar a nuestros pequeños). Por otro lado, tenemos esta capacidad única de imaginar, de soñar con un futuro, de aspirar a la felicidad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ahora, aquí viene la parte complicada: la felicidad. Este concepto moderno de buscar la felicidad a toda costa puede que no esté del todo alineado con nuestro software evolutivo. Nuestro cerebro no está diseñado primordialmente para ser feliz; está diseñado para sobrevivir y reproducirse. La felicidad, como la entendemos hoy, es como una app que descargamos porque nos dijeron que era genial, pero que nuestro sistema no siempre sabe cómo ejecutar correctamente porque no venía incluida de fábrica.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Entonces, nos encontramos en esta encrucijada evolutiva. Por un lado, queremos ser felices, vivir en paz, amar libremente, disfrutar de la vida. Pero por otro lado, nuestros cerebros están llenos de estas preprogramaciones antiguas que a veces nos empujan en direcciones completamente diferentes. Y aquí es donde aparecen muchos de nuestros problemas y conflictos internos. Es como si estuviéramos atrapados entre dos mundos: el mundo de nuestros ancestros cazadores y recolectores, y el mundo moderno de las redes sociales, los trabajos de oficina y los viajes a Marte.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La gran pregunta es: ¿cómo navegamos este mundo moderno con un cerebro lleno de software prehistórico? No hay respuestas fáciles. Pero entender que somos el resultado de este increíble proceso evolutivo, y que muchos de nuestros impulsos y emociones tienen raíces antiguas, puede ayudarnos a ser más comprensivos con nosotros mismos y con los demás. Podemos empezar a ver nuestros problemas psicológicos no como fallas, sino como señales de que estamos tratando de ejecutar apps modernas en un sistema que no siempre está preparado para ellas. Quizás, con tiempo y esfuerzo, podemos aprender a actualizar nuestro sistema, o al menos a manejar mejor estos conflictos internos, en nuestra búsqueda constante por una vida plena y, ojalá, feliz.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 08:08:56 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Psicología Transdiagnóstica</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/psicologia-transdiagnostica</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         La Psicología Transdiagnóstica
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;a href="/"&gt;&#xD;
    &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/el+detective+de+la+mente+Dal-e2-3.webp"/&gt;&#xD;
  &lt;/a&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    
          Mi Aventura Como Detective en la Ciudad de la Mente
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Imaginen que soy un detective, pero no uno cualquiera. Mi trabajo es en una ciudad muy especial: la Ciudad de la Mente. Esta ciudad es un enorme rompecabezas donde cada pieza es un pensamiento o un sentimiento distinto. Un día, me enfrento a un desafío enorme: descubrir por qué la gente en esta ciudad se siente triste, ansiosa o asustada.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Comienzo mi investigación recorriendo toda la ciudad. Visito la Calle de la Tristeza, el Parque de la Ansiedad, incluso me aventuro al Barrio del Miedo. En cada lugar, escucho historias diferentes, pero algo empieza a llamarme la atención: aunque los problemas parecen variados, hay algo que se repite, como una sombra que se desliza por todas estas calles.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Ahí es cuando decido cambiar mi estrategia. En lugar de tratar cada problema como un misterio separado, me propongo buscar lo que tienen en común. Es como si, en lugar de perseguir a muchos ladronzuelos, estuviera tras la pista de un gran jefe que controla todo desde las sombras.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Pero aquí es donde mi historia toma un giro inesperado. En la Ciudad de la Mente, no hay un "villano" claro como en las películas. Lo que encuentro es mucho más enrevesado: patrones de comportamiento, estilos de afrontamiento emocional, y pensamientos de la gente, todos entrelazados y afectándose mutuamente.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Entonces, empiezo a reflexionar. En el mundo de la medicina tradicional, los doctores buscan un virus o una bacteria específica para tratar una enfermedad. Pero en mi ciudad, la Ciudad de la Mente, ese enfoque no funciona. Aquí, no puedes buscar un único "malhechor" porque lo que sucede en la mente es como un gran baile donde todos están conectados.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Entonces pensé: aunque la psicología puede aprender de la medicina en cuanto a ser más metódica y precisa, no puede imitarla completamente, o por lo menos no en el trabajo del día a día del psicólogo. La mente no es como un órgano que se cura aisladamente. Es un universo lleno de historias, emociones y pensamientos entrelazados. Como detective en esta ciudad, mi labor no es encontrar un único culpable, sino comprender cómo todo está interconectado y ayudar a las personas a ver cómo sus pensamientos y emociones se influencian entre sí. Es una tarea más compleja, pero infinitamente más fascinante. 
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           A esta forma de hacer psicología se le llama Psicología Transdiagnóstica. 
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 05 Feb 2024 08:37:17 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La desconexión Corporal</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/la-desconexion-corporal</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         La desconexión del cuerpo y sus consecuencias.
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/mente+cuerpo.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         Descubriendo la Disociación 
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En medio de nuestras vidas aceleradas, es común caer en la trampa de los pensamientos que nos alejan del presente. ¿Cuántas veces te has perdido en preocupaciones sobre el pasado o el futuro, sin darte cuenta de lo que está sucediendo justo frente a ti? Este fenómeno tiene un nombre: desconexión, una separación entre lo que pensamos y lo que sentimos, un deslizamiento inadvertido en bucles mentales que nos impide estar plenamente presentes en el ahora.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La desconexión no es solo mental; también afecta nuestro cuerpo. Cuando las tensiones diarias nos abruman, es fácil vivir en nuestras cabezas, ignorando las señales que nuestro cuerpo nos envía. Esta falta de conexión tiene un impacto negativo en nuestra habilidad para adaptarnos y sentir de manera adaptativa, ya que nuestras sensaciones físicas y emocionales son una brújula vital.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Visualiza un día típico: te enfrentas a una lista interminable de tareas, tu mente zambullida en la resolución de problemas y planificación. En este proceso, te desconectas de las sensaciones de tu cuerpo, como si estuvieras en modo automático. Este estado se convierte en un bucle diario, limitando tu capacidad para adaptarte y disfrutar plenamente de la vida.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Esta desconexión influye en cómo percibimos y respondemos al mundo que nos rodea, y es aquí donde entra la importancia de reconectar con nuestras sensaciones corporales.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La invitación es sencilla: toma conciencia de tu experiencia presente. Observa esos patrones de pensamiento que te arrastran lejos del momento actual y regresa a las sensaciones corporales. La meditación y la atención plena son herramientas prácticas que te ayudarán a salir de los bucles mentales y a regresar a tu experiencia inmediata.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Reconectar con las sensaciones corporales no solo te permite vivir de manera más completa, sino que también mejora tu capacidad de adaptación. Al estar plenamente presente, puedes responder de manera más efectiva a los desafíos y cambios, rompiendo con las respuestas automáticas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En resumen, la desconexión en la vida cotidiana es un fenómeno común que afecta nuestra capacidad para sentir y adaptarnos. La clave para superar esta desconexión radica en la atención consciente, la reconexión con nuestras sensaciones corporales y la elección deliberada de vivir plenamente en el presente. Integrar estas perspectivas puede transformar tu experiencia diaria y construir una conexión más profunda contigo mismo y con el mundo que te rodea. En este viaje, descubrirás que al navegar hacia la reconexión, también descubres una forma más rica y satisfactoria de experimentar la vida.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 08 Jan 2024 09:52:17 GMT</pubDate>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Trauma por abandono en la Infancia y sus consecuencias en la vida adulta</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/trauma-por-abandono-en-la-infancia-y-sus-consecuencias-en-la-vida-adulta</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Trauma por abandono en la infancia: 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h1&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Consecuencias en la vida adulta
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h1&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/ChatGPT+Image+8+ene+2026-+09_56_04-2d981c0a.png" alt=""/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           Introducción
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El abandono en la infancia es un problema que, lamentablemente, afecta a un número significativo de niños en todo el mundo. El abandono puede ser físico, emocional o ambos, y puede tener consecuencias profundas y duraderas en el desarrollo y bienestar emocional de los individuos afectados. La mayoría de los traumas por abandono ocurren sin que se produzca lo que cualquier persona entendería por “abandono” de un menor, ya que lo habitual es que se dé dentro de un marco de crianza con intermitencias en la atención o en medio de conflictos familiares. En este artículo, exploraremos las causas y consecuencias del trauma por abandono en cualquiera de sus formas, así como el impacto que puede tener en la vida adulta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           I. Causas del abandono en la infancia
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El abandono en la infancia puede ocurrir por diversas razones, algunas de las cuales incluyen:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Problemas familiares: conflictos familiares, separaciones, divorcios o situaciones de violencia doméstica que pueden llevar a que un niño sea abandonado emocional o físicamente.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Incapacidad de los padres: problemas de salud mental, adicciones o falta de habilidades parentales.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Factores económicos y sociales: la pobreza, la inestabilidad económica o la falta de acceso a recursos y apoyos adecuados pueden dificultar que los padres atiendan adecuadamente a sus hijos.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;ul&gt;&#xD;
    &lt;li&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Abuso o negligencia: los niños que sufren abuso o negligencia, ya sea física, emocional o sexual, pueden experimentar abandono emocional como resultado del trauma.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/li&gt;&#xD;
  &lt;/ul&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           II. Consecuencias del abandono en la infancia
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El trauma por abandono en la infancia puede tener efectos negativos en el desarrollo y bienestar emocional de un niño. Algunas de las consecuencias más comunes incluyen:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1.	Problemas emocionales y de comportamiento: la ansiedad, la depresión, la baja autoestima y la dificultad para establecer relaciones interpersonales saludables son algunas de las secuelas emocionales del abandono en la infancia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2.	Trastornos del apego: problemas en el desarrollo del apego seguro, lo que puede llevar a patrones de apego ansioso o evitativo en las relaciones futuras.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3.	Trastorno de estrés postraumático (TEPT): el abandono puede ser un evento traumático que cause síntomas de TEPT, como pesadillas, flashbacks y evitación de situaciones que recuerden lo vivido.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4.	Problemas académicos y laborales: el trauma por abandono puede afectar la capacidad de un niño para concentrarse y aprender, lo que puede llevar a dificultades académicas y laborales en la vida adulta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           III. Impacto del abandono en la vida adulta
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Las consecuencias del abandono en la infancia pueden persistir hasta la vida adulta, afectando la calidad de vida y el bienestar emocional de los individuos afectados. Algunos de los problemas que pueden enfrentar los adultos que sufrieron abandono en la infancia incluyen:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1.	Dificultades en las relaciones personales: las personas que experimentaron abandono en la infancia pueden tener dificultades para establecer relaciones saludables y duraderas, ya que pueden tener miedo de ser abandonadas nuevamente.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2.	Problemas de salud mental: la ansiedad, la depresión y otros trastornos de salud mental pueden ser más prevalentes en adultos que sufrieron abandono en la infancia, ya que estos traumas pueden condicionar la manera en la que enfrentan situaciones estresantes y desafiantes a lo largo de su vida.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3.	Dificultades en el trabajo: los adultos que sufrieron abandono en la infancia pueden enfrentar problemas en el ámbito laboral, como dificultades para mantener un empleo, establecer metas profesionales y trabajar en equipo. Estos problemas pueden deberse a la falta de habilidades sociales, la baja autoestima o la incapacidad para manejar el estrés de manera efectiva.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4.	Repetición de patrones de abandono: una víctima del abandono puede repetir este tipo de patrones en sus propias relaciones, ya sea con sus parejas, amigos o incluso con sus propios hijos. Esta repetición puede deberse a la falta de modelos de comportamiento saludables y a la internalización de creencias negativas sobre sí mismos y sobre las relaciones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           IV. Superando el trauma por abandono en la infancia
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           A pesar de las dificultades y desafíos asociados con el abandono en la infancia, es posible superar estos traumas y llevar una vida plena y satisfactoria. Algunas estrategias para enfrentar y superar el abandono incluyen:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1.	Terapia: trabajar con un terapeuta puede ayudar a las personas que sufrieron abandono a procesar sus traumas, desarrollar habilidades de afrontamiento saludables y fortalecer su autoestima.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2.	Construcción de relaciones saludables: el establecimiento de relaciones interpersonales sólidas y de apoyo puede ser fundamental para superar el trauma. Las amistades, las relaciones románticas y el apoyo de la comunidad pueden ser recursos valiosos en el proceso de curación.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3.	 Educación y crecimiento personal: aprender sobre el abandono en la infancia y sus consecuencias puede ayudar a los adultos a comprender y abordar sus propias experiencias. Participar en actividades de crecimiento personal, como la lectura, la meditación o el ejercicio, también puede ser beneficioso para mejorar el bienestar emocional y la resiliencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4.	Auto-cuidado y manejo del estrés: desarrollar estrategias de autocuidado y manejo del estrés puede ser fundamental para enfrentar y superar el trauma por abandono en la infancia. Ejemplos de prácticas de autocuidado incluyen dormir lo suficiente, llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente y dedicar tiempo a actividades placenteras y relajantes.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           V. Prevención del abandono en la infancia
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La prevención del abandono en la infancia es crucial para evitar los efectos negativos a largo plazo asociados con el trauma. A continuación, se presentan algunas estrategias para prevenirlo:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1.	Fortalecimiento de las redes de apoyo: garantizar que las familias y los cuidadores tengan acceso a recursos y apoyos adecuados puede ayudar a prevenir situaciones de abandono. Esto incluye servicios de salud mental, programas de apoyo para padres y recursos económicos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2.	Educación sobre crianza y habilidades parentales: capacitar a los padres y cuidadores en habilidades parentales efectivas y prácticas de crianza saludables puede disminuir la probabilidad de abandono emocional y físico.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3.	Intervención temprana: identificar y abordar situaciones de riesgo de abandono en etapas tempranas puede ayudar a prevenir el trauma en la infancia. Los profesionales, como médicos, maestros y trabajadores sociales, pueden desempeñar un papel fundamental en la detección de posibles situaciones de abandono y en la derivación de las familias a servicios de apoyo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4.	Concienciación y promoción de políticas públicas: sensibilizar a la sociedad sobre el abandono en la infancia y sus consecuencias puede contribuir a la prevención de estos casos. La promoción de políticas públicas que aborden las causas subyacentes del abandono, como la pobreza, la violencia doméstica y el acceso limitado a servicios de salud mental, también puede tener un impacto significativo en la reducción del abandono en la infancia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           VI. Recursos y apoyo para adultos que enfrentan el trauma del abandono en la infancia
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Existen diversos recursos y organizaciones que pueden brindar apoyo a adultos que enfrentan el trauma del abandono en la infancia. Algunos de estos recursos incluyen:
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1.	Grupos de apoyo: participar en grupos de apoyo, ya sean presenciales u online, puede ser una excelente manera de compartir experiencias, obtener apoyo emocional y aprender de los demás que han enfrentado situaciones similares.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           2.	Terapeutas y consejeros especializados: buscar terapeutas y consejeros que tengan experiencia en el tratamiento de traumas relacionados con el abandono en la infancia puede ser crucial para abordar estos temas de manera efectiva.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           3.	Organizaciones de apoyo: organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro pueden brindar información, asesoramiento y recursos para quienes enfrentan el trauma del abandono en la infancia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           4.	Recursos en línea: blogs, foros y sitios web dedicados a abordar el trauma del abandono en la infancia pueden proporcionar información valiosa y apoyo emocional. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;strong&gt;&#xD;
      
           En resumen
          &#xD;
    &lt;/strong&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            , el abandono en la infancia es un problema complejo y desafiante que puede tener consecuencias duraderas en la vida adulta. Sin embargo, a través de la prevención, la investigación y el apoyo adecuado, es posible abordar y superar estos traumas, permitiendo a quienes los enfrentan llevar vidas plenas y saludables. La concienciación y la comprensión del abandono en la infancia y sus efectos son fundamentales para garantizar que los afectados reciban el apoyo y los recursos necesarios para sanar y prosperar en el futuro.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Wed, 22 Mar 2023 20:37:45 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Abuso de Ansiolíticos</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/abuso-de-ansioliticos</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    
          El abuso de medicamentos ansiolíticos en España: una preocupación creciente
         &#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/mujerAnsiedad-5d0c2e6d.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Introducción
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La sobredosificación de ansiolíticos en España ha generado una creciente preocupación en los últimos años. A medida que la sociedad se enfrenta a desafíos como el estrés, la ansiedad y el insomnio, cada vez son más las personas que buscan alivio a través de fármacos. Los ansiolíticos, medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central para reducir la ansiedad y facilitar la relajación, han experimentado un notable aumento en su prescripción. Vamos a analizar las causas y consecuencias del consumo excesivo de ansiolíticos en España y ofrecer posibles soluciones para abordar este problema.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Principales causas 
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           a. Presiones sociales y económicas
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Abusar de los ansiolíticos puede atribuirse a una combinación de factores, incluyendo el impacto de las presiones sociales y económicas en la salud mental de la población. El desempleo, la inestabilidad laboral y el aumento del costo de vida pueden generar estrés y ansiedad, lo que lleva a las personas a buscar soluciones rápidas y efectivas en forma de medicamentos.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           b. Falta de acceso a tratamientos alternativos
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Otro factor que contribuye a la sobredosificación de ansiolíticos es la falta de acceso a tratamientos alternativos, como terapias psicológicas y de apoyo. Aunque existen diferencias entre Comunidades Autónomas, en general los facultativos tienen dificultades para derivar a sus pacientes a los servicios de psicología, debido a la limitada disponibilidad y la falta de recursos en el sistema de salud pública.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           c. Prescripción inadecuada
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La prescripción inadecuada de ansiolíticos también es un factor a tener en cuenta. La mayoría de médicos utilizan estas sustancias de manera correcta, aunque las dificultades expuestas en el punto anterior, pueden implicar prescripciones excesivas en dosis o tiempo de uso. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           d. Automedicación
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En España, la legislación establece que ciertos medicamentos solo pueden ser dispensados en farmacias bajo la presentación de una receta médica. Los ansiolíticos, son en su mayoría benzodiacepinas y forman parte de este grupo.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Para garantizar el cumplimiento de las leyes y proteger la salud y la seguridad de los pacientes, es crucial que los profesionales de farmacias promuevan el uso responsable de medicamentos. Además, es importante que los pacientes sean conscientes de los riesgos asociados con el uso indebido de medicamentos que requieren receta y que busquen la orientación de profesionales de la salud antes de tomar cualquier medicación.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Consecuencias más comunes
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           a. Dependencia y tolerancia
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El uso prolongado de ansiolíticos puede generar dependencia física y psicológica, así como tolerancia. Esto significa que, con el tiempo, los pacientes pueden requerir dosis más altas para lograr el mismo efecto, lo que aumenta el riesgo de efectos secundarios y complicaciones.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           b. Efectos secundarios y riesgos para la salud
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Los ansiolíticos pueden tener efectos secundarios importantes, como somnolencia, mareos, debilidad muscular y problemas de memoria. Además, el consumo excesivo de estos medicamentos puede aumentar el riesgo de accidentes de tráfico, caídas y otros problemas de salud.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           c. Impacto en la calidad de vida
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Utilizar ansiolíticos de manera inadecuada puede afectar negativamente la calidad de vida de los pacientes, ya que limita su capacidad para enfrentar y superar problemas de manera efectiva. Además, la dependencia de estos medicamentos puede generar un ciclo de ansiedad y consumo que dificulta la recuperación.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Soluciones para abordar la problemática
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           a. Promover tratamientos alternativos
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Para abordar la problemática sobre el abuso de ansiolíticos, es fundamental promover tratamientos alternativos, como la terapia cognitivo-conductual, la terapia de aceptación y compromiso, y otras intervenciones psicológicas. Estos tratamientos pueden ser igualmente efectivos en el manejo de la ansiedad y el insomnio, y presentan menos riesgos que los medicamentos. Además, es importante aumentar la accesibilidad y la cobertura de estos tratamientos en el sistema de salud pública.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           b. Formación y educación médica
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Es esencial proporcionar una formación adecuada a los profesionales de la salud para garantizar una prescripción responsable y adecuada de ansiolíticos. Los médicos deben estar informados sobre los riesgos y beneficios de estos medicamentos, así como sobre las alternativas disponibles. Además, se debe fomentar la comunicación y la colaboración entre médicos y profesionales de la salud mental para garantizar un enfoque multidisciplinario en el tratamiento de la ansiedad, el insomnio o cualquiera de las alteraciones en los que estos medicamentos son prescritos.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           c. Campañas de concienciación pública
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Las campañas de concienciación pública pueden ayudar a informar a la población sobre los riesgos del abuso de ansiolíticos y fomentar el uso responsable de estos medicamentos. Además, estas campañas pueden promover la importancia de buscar ayuda profesional y explorar tratamientos alternativos para el manejo de la ansiedad y los trastornos asociados.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           d. Seguimiento y control de la prescripción
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Implementar sistemas de seguimiento y control de la prescripción puede ayudar a reducir estas prácticas. Estos sistemas permitirían identificar patrones de prescripción inadecuados y tomar medidas correctivas. Además, el monitoreo regular del consumo de ansiolíticos en la población puede contribuir a la identificación temprana de problemas y a la implementación de estrategias preventivas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Conclusión
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El abuso de este tipo de medicamentos en España es un problema complejo que requiere una respuesta multifacética. Abordar este desafío implica promover tratamientos alternativos, mejorar la formación y educación médica, concienciar a la población y establecer sistemas de seguimiento y control de la prescripción. Al adoptar estas medidas, se pueden reducir los riesgos asociados con el abuso de ansiolíticos y mejorar la salud mental y el bienestar de la población en general.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 16 Mar 2023 09:29:58 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La tribu adolescente</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/la-tribu-adolescente</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         La adolescencia es una etapa de la vida en la que los jóvenes buscan formar su identidad y encontrar su lugar en el mundo. En este proceso, la aceptación por parte del grupo de iguales juega un papel crucial, ya que puede afectar significativamente la autoestima, la autoimagen y el bienestar emocional de los adolescentes. Para ellos es mucho más importante la opinión explícita o no del resto de adolescentes, que la que obtienen en su casa o de profesores.
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Cuando un adolescente es aceptado por sus pares (compañeros de clase, vecinos del barrio, etc., cuyas edades sean similares), se siente valorado y apreciado, lo que le brinda una sensación de pertenencia y seguridad en su entorno social. Esto le permite sentirse cómodo siendo él mismo y le da la confianza para participar en actividades sociales y explorar nuevas situaciones. Identificarse con un grupo, ya sea a través de un deporte, afición o cualquier actividad de ocio, le confiere una sensación de seguridad, que termina siendo crucial para su desarrollo psicológico.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Por otro lado, el rechazo por parte del grupo de iguales puede tener efectos negativos en la salud mental de los adolescentes, ya que puede llevar a una mayor susceptibilidad a la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Además, la falta de aceptación por parte del grupo también puede afectar las relaciones familiares y escolares de los adolescentes. Los jóvenes que se sienten rechazados por sus pares suelen aislarse también en el ámbito familiar -o por el contrario estar excesivamente apegados y dependientes-, lo que agrava las dificultades para relacionarse con sus compañeros de clase. Esto puede llevar a un círculo cerrado que supone mayor sensación de aislamiento y soledad, lo que puede complicar aún más la situación personal del adolescente rechazado.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Por todas estas razones, es importante que los adolescentes sean aceptados por su grupo de iguales. Afortunadamente, hay muchas cosas que los padres, educadores y otros adultos podemos hacer para fomentar la aceptación de los jóvenes por parte de sus pares.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En primer lugar, es importante que los adultos enseñemos a los jóvenes habilidades sociales y de comunicación efectivas. Los adolescentes que tienen habilidades sociales sólidas y son capaces de comunicarse con confianza y claridad son más propensos a ser aceptados por sus pares. Tanto la desatención en casa (desestructuración, ausencias excesivas de los padres…), como la sobreprotección son extremos que hay que evitar, permitiendo que el/la adolescente cometa sus propios errores y estando atentos a confrontar situaciones cuando sea necesario, aunque siempre bajo el manto del respeto, pues en ocasiones el adulto trata al adolescente como alguien incompleto o inferior.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Además, los adultos deben fomentar un ambiente de apoyo y respeto en los entornos sociales de los adolescentes. Esto significa ser proactivo en la creación de ambientes seguros y acogedores, en los que se valoren y respeten las diferencias individuales.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          También es importante que los adultos proporcionen a los adolescentes oportunidades para desarrollar habilidades y talentos concretos. Los adolescentes que tienen pasatiempos y actividades que disfrutan son más propensos a encontrar otros jóvenes que compartan sus intereses, lo que puede llevar a relaciones más significativas y duraderas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En resumen, la aceptación por parte del grupo de iguales es crucial para el bienestar emocional y mental de los adolescentes. Es importante que los adultos apoyen a los jóvenes en su búsqueda de la aceptación y proporcionen un ambiente seguro y acogedor que fomente la inclusión y la diversidad. Con el apoyo adecuado, los adolescentes pueden encontrar su lugar en el mundo, y ese es un trabajo de todos
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 02 Mar 2023 06:48:54 GMT</pubDate>
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      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Terapia de Enterramiento</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/terapia-de-enterramiento</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         Una manera "diferente" de tratar la depresión...
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/s/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/enterramiento+nieve.JPG" alt=""/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         Es posible que hayas oído hablar de la terapia de enterramiento en Rusia, una técnica poco convencional que implica ser enterrado en la nieve durante varios minutos como una forma de tratar la depresión. Esta práctica se ha vuelto cada vez más popular en los últimos años y ha atraído la atención de todo el mundo.
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En Rusia, esta técnica se llama "banya", y se realiza en una sauna tradicional rusa. El procedimiento implica sentarse en una sala de vapor caliente durante unos minutos, seguido de un baño de agua fría, y finalmente, ser enterrado en la nieve. El proceso se repite varias veces, y los participantes se mantienen bajo la nieve durante un período de tiempo cada vez más largo.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Aunque pueda parecer peligroso o incluso aterrador, esta técnica tiene sus raíces en la medicina tradicional rusa, que la ha utilizado durante siglos como una forma de tratar diversas afecciones. Se cree que el choque térmico que experimenta el cuerpo durante este proceso tiene un efecto positivo sobre el sistema inmunológico, el sistema cardiovascular y el sistema nervioso central.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Sin embargo, el aspecto más interesante de esta terapia es su supuesta capacidad para tratar la depresión y otros trastornos emocionales. Según los defensores de esta práctica, el enterramiento en la nieve ayuda a reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y aumentar la autoestima. También se dice que ayuda a las personas a sentirse más conectadas con la naturaleza y a encontrar un sentido de paz interior.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Hay algunos estudios que respaldan estas afirmaciones. Un estudio realizado en 2016 encontró que el enterramiento en la nieve puede reducir los niveles de cortisol, una hormona del estrés, y aumentar los niveles de serotonina, una sustancia química asociada con el bienestar emocional. Otro estudio encontró que la terapia de enterramiento puede mejorar el sueño y reducir los síntomas de la depresión y la ansiedad.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta técnica no es adecuada para todos. La terapia de enterramiento puede ser peligrosa para personas con problemas cardíacos, respiratorios o circulatorios, y no debe realizarse sin la supervisión de un profesional capacitado. También puede ser traumática para personas que tienen miedo de la oscuridad o de espacios cerrados.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En conclusión, la terapia de enterramiento puede ser una técnica interesante y efectiva para tratar la depresión y otros trastornos emocionales. No es una técnica que tenga en mi repertorio como psicólogo, pero me gusta acercarme a otras formas de abordar los problemas psicológicos. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 28 Feb 2023 05:13:34 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>La Coraza</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/la-coraza</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         Nuestras experiencias condicionan nuestro carácter
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         A lo largo de nuestra vida y según vamos viviendo situaciones diversas,  las personas nos protegemos de las experiencias dolorosas o traumáticas. Esta protección es como una coraza que se forma a lo largo de la vida y puede incluir mecanismos de defensa como la negación, la represión y la proyección.
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Se desarrolla a medida que una persona enfrenta situaciones estresantes y difíciles. Puede ser el resultado de experiencias traumáticas, abuso, negligencia o cualquier otra cosa que cause dolor emocional. La coraza es una forma de protegerse de la dolorosa realidad de estas experiencias.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Hay varios tipos de mecanismos de defensa comunes que se utilizan para formar una coraza emocional. La negación es uno de ellos. La negación implica negar la realidad de una situación o experiencia. Por ejemplo, una persona que ha sido abusada de niño puede negar que el abuso ocurrió. Uno de los extremos de la negación podría estar relacionado con problemas psicóticos, tipo esquizofrenia, etc.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La represión es otro mecanismo de defensa común. La represión implica reprimir los pensamientos y sentimientos dolorosos en lugar de enfrentarlos. Por ejemplo, una persona que ha perdido a un ser querido puede reprimir los pensamientos y sentimientos de dolor en lugar de enfrentarlos y procesarlos. Es habitual que intente distraer su mente para no afrontar el dolor. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Otro de los mecanismos es la proyección, que implica atribuir nuestros propios pensamientos y sentimientos a otros. Por ejemplo, una persona que se siente culpable (sentimiento típico de la proyección)  puede proyectar esa culpa en otra persona y acusarla de ser la culpable. Esto le "aleja" de su sentimiento, ya que lo traslada a otras personas.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Este sistema de protección puede tener un impacto negativo en la salud mental y emocional de una persona. Puede dificultar la capacidad para enfrentar y procesar experiencias dolorosas, lo que puede llevar a problemas como la  depresión y ansiedad.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Aunque la coraza puede ser útil en el momento en que se forma, a largo plazo puede ser perjudicial para la salud emocional y mental. Es importante aprender a reconocer y manejar los mecanismos de defensa utilizados en la coraza  y trabajar para superarlos con el apoyo de un terapeuta o profesional de la salud mental.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 23 Jan 2023 11:45:50 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Rompiendo moldes</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/rompiendo-moldes</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         This is a subtitle for your new post
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/md/dmtmpl/dms3rep/multi/blog_post_image.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  
         Los 
         &#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    
          modelos sociales 
         &#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    
          son patrones de pensamiento, comportamiento y valores que son transmitidos y compartidos por un grupo social. 
         &#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Estos modelos pueden ser muy poderosos en la vida de un individuo, ya que pueden ejercer una gran presión para que se ajuste a las expectativas y normas del grupo. Un modelo social arraigado en nuestro país es algo que los demás en general esperan que ocurra en diversas situaciones, por ejemplo: a cierta edad "lo normal" es que estemos con pareja estable, hijos, buen puesto de trabajo y salir de vacaciones todos años. También sufren mucho la presión los grupos de mayores: no deben salir de fiesta, el sexo es para gente más joven... En general, si nos fijamos bien, daremos con un montón de modelos moldeados por valores preestablecidos y arraigados en una sociedad desde tiempo atrás.
          &#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Por un lado, los modelos sociales pueden ser beneficiosos para la sociedad, ya que pueden ayudar a promover la cohesión y el sentido de comunidad entre sus miembros. Además, pueden ayudar a establecer normas y reglas que promuevan la convivencia y el bienestar de todos.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Aunque por otro lado, la presión ejercida por los modelos sociales también puede tener efectos negativos en el individuo. Si una persona siente que no se ajusta a los modelos sociales dominantes, puede sentirse excluida y marginada, lo que puede afectar su autoestima y su bienestar psicológico. Además, la presión para conformarse a los modelos sociales también puede limitar la creatividad y la individualidad de una persona, lo que puede dificultar su plena realización y desarrollo personal.
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           Cada poco, valora qué modelos estas intentando cumplir y cuáles debes empezar a romper, pues es necesario liberarse de las cada vez más numerosas presiones que la sociedad global ejerce sobre nosotros. 
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      
           En conclusión, los modelos sociales pueden ser muy influyentes en la vida de un individuo y ejercer una gran presión para que se conforme a las expectativas y normas del grupo. Es importante tener en cuenta esta presión y reflexionar sobre su impacto en nuestra vida, para poder encontrar un equilibrio entre el deseo de pertenecer a un grupo y la necesidad de mantener nuestra individualidad y creatividad. 
          &#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Wed, 28 Dec 2022 10:18:44 GMT</pubDate>
      <author>183:793944102 (Salvador Mendoza García)</author>
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      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Pensar de más, vivir de menos.</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/pensar-de-mas-vivir-de-menos</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://cdn.website-editor.net/md/and1/dms3rep/multi/115015.jpeg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;h3&gt;&#xD;
  
         La charla interna es una tapadera...
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  
         Voy a referirme al término pensar como a esa función de la mente de mantener una conversación con uno mismo. Es una rutina diaria que llevamos a cabo mientras estamos despiertos, y que en muchas ocasiones ni siquiera somos conscientes de ella. 
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          ¿Realmente es necesario pasar la jornada entera pensando?
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Si no es necesario para llevar nuestra vida, entonces ¿por qué se piensa tanto?
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          ¿Has reparado alguna vez en si ese modo de activar la mente, piensa que te piensa, es saludable?, ¿vale para algo?. ¿Verdad que cansa?.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          No, definitivamente no es necesario. Si analizas tu día a día, comprobarás que con pensar de vez en cuando sería suficiente: trabajo, estudios, relaciones sociales; todo nuestro alrededor requiere de análisis, comprobaciones, reflexiones y de momentos en los que nuestra mente conversa interiormente para tomar decisiones, o actuar en ciertas direcciones y resolver problemas, aunque el tiempo total de pensamiento debería ocupar unas pocas horas al día. Pero ¿y el resto?. Si eres de esas personas que el resto del tiempo lo rellenas con pensamientos innecesarios para la vida cotidiana (suelen comenzar con “por qué...”, “y si…”, “hay que ver que…”), entonces sufres hiperactividad de pensamiento. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Ese modo de pensar se ha instalado en tu mente por cuestiones emocionales. ¿Cómo?, ¿qué tienen que ver las emociones en todo esto?. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          La hiperactividad de pensamiento está relacionada con la sensibilidad. De hecho, es una estrategia de la mente para protegerse de su propio torrente emocional. Esta sensibilidad posee un origen genético, aunque se desarrolla a lo largo de la vida en función de factores como la crianza, las experiencias vividas y los estilos de afrontamiento emocional que se van instalando. Pensar de más es la reacción continuada de nuestra mente para distanciarse, desenfocar o tergiversar la experiencia directa de la emoción. Es una cortina de humo. Tanto si se piensa en lo que últimamente nos tiene preocupados, como si no.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Parece claro que si la protección en forma de pensamientos fuese efectiva, estas personas se sentirían emocionalmente estables. Pero no es así, ya que se trata de un parche con consecuencias a medio y largo plazo: el famoso “pan para hoy y hambre para mañana”. El sistema se protege del propio torrente emocional, aunque este hecho, a lo largo de la vida, produce más sensibilidad a ciertas emociones, por lo que cuando nos encontramos en situaciones que nos tocan la “fibra sensible”, las reacciones suelen aparecer en forma de ansiedad, impulsividad, obsesión, etc.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Existe una estrategia para cambiar el curso de esta tendencia y corregir sus consecuencias, pues éstas son nefastas para nuestra salud psicológica. En consulta se trabaja con ejercicios prácticos que muestran formas de actuar frente a lo que se piensa y siente, que generan cambios en la sensibilidad y, como consecuencia de ello, también producen una disminución de la hiperactividad de pensamiento. El fin de todo esto es conseguir una estabilidad emocional, que nos permita llevar una vida plena y saludable, tanto en lo psicológico como en lo emocional. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Conclusión: no intentes gestionar tus emociones. ¡Aprende a gestionar
          &#xD;
    &lt;i&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            te
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/i&gt;&#xD;
    
          frente a tus emociones!
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Mon, 08 Mar 2021 06:02:45 GMT</pubDate>
      <author>183:793944102 (Salvador Mendoza García)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Reduce el sufrimiento innecesario</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/reduce-el-sufrimiento-innecesario</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Durante la vida ocurren cosas... se trata de eso. Algunas deseamos que se repitan y otras que no vuelvan a ocurrir en la vida. De la mezcla entre lo que ocurre y lo que interpretamos, resulta en gran medida el nivel de bienestar de una persona.
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          Sufrimiento innecesario
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Cuando en la vida se dan situaciones desagradables, estresantes, comprometidas... aparecen emociones asociadas a ellas, y lo normal es que el sufrimiento aparezca en nuestro interior, en alguna de sus formas. El sufrimiento innecesario es el que fomentamos a través de ciertas actitudes con respecto a lo que nos ocurre. Es el sufrimiento añadido por anticiparnos mentalmente, apegarnos excesivamente al pasado, y enredarnos con todo tipo de pensamientos. 
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          Necesidad  de Control
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Cuando el sufrimiento se instala casi como una costumbre (con periodos cortos de descanso), tiene casi siempre una relación con la necesidad de control. Queremos controlar lo que pensamos y por ende, lo que sentimos. Trasladamos ese control a nuestro entorno, intentando que nos sea favorable. Pues bien, hay cuestiones que se pueden controlar y otras que no. El sufrimiento añadido, se nutre también del intento de control de lo que no es controlable. 
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          Intentos de control
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Reducir el sufrimiento depende -en alguna medida- de nuestra capacidad para elegir qué controlar y qué no. Comencemos por la parte interna:
          &#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           control sobre pensamientos y sentimientos
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
    
          . Intentamos no pensar en algo cuando detectamos que bajo esa línea de pensamiento aparecen sentimientos con los que no queremos entrar en contacto. Por lo tanto, evitar pensamientos, es en realidad un intento de no sentir.
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Pensar que no quiero pensar en algo, es pensar en ese algo. Parece un juego de palabras, pero si lo analizas, te darás cuenta que intentar evadirse de ciertos pensamientos, produce el efecto contrario. Ahora, si estás leyendo esto, podrás estar pensando que en muchas ocasiones has decidido pensar en otra cosa, que no tenga que ver con lo que te agobia; y lo has conseguido en parte. Otras veces, has llegado a pensar en eso, pero de una forma más "positiva":
          &#xD;
    &lt;i&gt;&#xD;
      
           no es para tanto, esto se solucionará,
          &#xD;
    &lt;/i&gt;&#xD;
    
          etc. Este hecho, te proporciona la sensación de que manejas tu mente en cierto sentido, pero ¿te has preguntado si el resultado de esos intentos, te ha llevado a tener una mente saludable?. Te habrás dado cuenta que lo que ocurre es que te pasas la mayor parte del día pensando y con un malestar de fondo que no termina de desaparecer. 
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Por otro lado, está la parte externa:
          &#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           el control del entorno.
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
    
          ¿Eres de esas personas que necesitan que lo que le rodea esté bajo control?. ¿Te molesta que las cosas no salgan como tenías previsto?. Probablemente buscas que tu entorno concuerde con lo que quieres que ocurra, aunque -salvo que seas un ser especial- lo más habitual es que muchos de los elementos de ese entorno se escapen de tu control, como agua en las manos. Finalmente puedes tener bastante bien controlados a la mayoría de de los elementos de tu entorno, relacionados con el trabajo, amistades, casa, familiares, situaciones..., pero también habrás reparado en que llegas al final de la jornada con un agotamiento extremo.
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          Qué hacemos pues
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Si intentamos tener bajo control a pensamientos y entorno, de una forma o de otra, terminamos cansados o desesperados, impotentes o decepcionados. Muy probablemente, tendremos un nivel de alarma continuo o una muy probable dependencia de los acontecimientos.
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Es el momento de cambiar de estrategia. Incluso de hacer un cambio en la óptica y en la filosofía de vida. Se trata pues de comenzar a aceptar lo incontrolable, y sobre todo de adoptar una estrategia rentable para nuestro bienestar en el medio y largo plazo. Aprender a aceptar emociones es la base de este giro en tu vida. 
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No existe una sola emoción que sea destructiva por sí misma. Es más, todas tienen un sentido y un porqué. Olvida la idea de que hay emociones positivas y negativas. Todas suman. La clave se encuentra en la relación que establecemos con ellas, y sobre todo en las grandes y pequeñas decisiones que tomamos con respecto a lo que sentimos, y a lo que creemos que sentiremos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    
          Te animo a recorrer un camino que dependa más de lo que valoras, que de lo que tu mente te pide en todo momento. Se trata de que orientes tu vida real (la que ocurre en cada instante) en una dirección valiosa, y no en la búsqueda infatigable de aliviar o evitar ciertos sentimientos. 
         &#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://cdn.website-editor.net/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/young-man-on-table-worried-expression.jpg" length="309862" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Sat, 07 Nov 2020 16:43:34 GMT</pubDate>
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      </media:content>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Miedo, ansiedad y otros compañeros de viaje</title>
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      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;span&gt;&#xD;
          
             El miedo es ese mecanismo
             &#xD;
          &lt;span&gt;&#xD;
            
              que poseemos para sobrevivir
              &#xD;
            &lt;span&gt;&#xD;
              
               : 
              &#xD;
            &lt;/span&gt;&#xD;
          &lt;/span&gt;&#xD;
        &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ante un peligro nos habilita para huir o enfrentarnos, aunque también se manifiesta en formas varias como la
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;a href="/ansiedad"&gt;&#xD;
      
           ansiedad
          &#xD;
    &lt;/a&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           , la anticipación, la preocupación o la
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           impulsividad
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           . 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es probable que el miedo humano haya adquirido una dimensión muy relevante con respecto al miedo que puedan sufrir otras especies animales. ¿Por qué?, pues porque la capacidad humana de crear realidades mentales a través del pensamiento, ha propiciado una anticipación mental sobre situaciones que, o bien ya hemos vivido antes, o nos han transmitido nuestros mayores a lo largo de nuestra historia personal. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El ser humano tiene la
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            capacidad de crear realidades mentales
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           gracias a su vocabulario y conciencia de sí mismo. Una persona puede imaginar lo doloroso o peligroso que puede ser que le atropellen, sin que haya sufrido nunca un atropello. Puede sufrir tormentos por llegar a fin de mes con su sueldo y con el hecho de poder hacer frente a todos sus pagos, y es este tormento el que le suele activar para contener sus gastos, y así un mes tras otro. Puede anticiparse a la dificultad de un examen con semanas de antelación y agobiarse con la idea de suspender, aún cuando no sabe realmente si será difícil o no. Puede decidir andar o utilizar el transporte público por temor a conducir, ya que por su cabeza aparecen “realidades” relacionadas con chocar, hacer daño a alguien y -como suele ser muy habitual- quedarse atrapado en una atasco y no poder escapar. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Esto le ha servido a lo largo de su historia como especie animal para prevenir peligros, que no habría podido evitar si no fuera por este rasgo, ya que su potencial físico ha sido inferior al de muchos de sus depredadores y enemigos. Por lo tanto, poseemos un sistema para protegernos cuyo origen es muy animal, pero que se ha ido transformando en una forma exclusiva de anticiparnos a los peligros (problemas, daños, frustraciones, etc.) y que ha hecho que a día de hoy nos proteja más de lo necesario.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            la capacidad de anticiparse a un peligro no ha sido gratuita
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           a lo largo de nuestra trayectoria como especie. Pensar en lo que puede ocurrir es uno de los factores que más sufrimiento nos ha provocado y lo llevamos instalado como arma de doble filo. Nuestra integridad física se encuentra bastante protegida en la sociedad actual occidental, pero nuestro sistema de protección en forma de pensamientos anticipatorios no ha disminuido, pues pertenece a la misma capacidad  que nos permite abarcar muchas más cuestiones a través de la razón y el pensamiento: desde comunicarnos de forma precisa hasta proyectar grandes edificios.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Una de las consecuencias de dicha capacidad es la de anticiparse al propio miedo, o lo que suele llamarse
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            “miedo al miedo”
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           . ¿Te parece retorcido?, pues no lo es. La mayoría de los trastornos de ansiedad poseen este componente, y lo peor es que no es sencillo de detectar. El miedo al miedo es una previsión mental que se termina transformando en miedo al sufrimiento. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si una persona sufre un ataque de ansiedad por primera vez en su vida, cuyo origen puede ser por varios motivos, además de temer a un infarto, desmayo, perder el control, etc, se genera un miedo a que vuelva a producirse esa situación donde pasó mucho miedo (donde se sufrió mucho). Se genera un miedo a sufrir de nuevo un ataque. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Lo curioso es que
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           en estos casos el miedo, en lugar de protegerle de los siguientes ataques de ansiedad, lo que hace es favorecerlos, pues
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            el estrés producido por el miedo a sufrir, estará seguramente implicado en el desencadenamiento de un nuevo ataque de ansiedad.
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por todo ello, la
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            capacidad humana de anticiparse al sufrimiento
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           emocional, a día de hoy
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            comienza a ser poco rentable
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           , dado que en realidad nos protege poco y nos crea más alteraciones innecesarias.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://cdn.website-editor.net/27d7a1d3c6074e6e8c47b2a9fd7a0c48/dms3rep/multi/preocupada-77e494a6.jpg" length="957197" type="image/png" />
      <pubDate>Sat, 07 Nov 2020 16:43:34 GMT</pubDate>
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    </item>
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      <title>Controlar la impulsividad</title>
      <link>https://www.salvadormendoza.es/impulsividad</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La impulsividad puede ser causada por alguna situación puntual, o también puede formar parte de un patrón de conducta más continuado. En el primer caso, es necesaria esta reacción y nuestro cuerpo responde con rapidez para evitar o solucionar alguna situación extrema, es decir, actos reflejos cargados de adrenalina que nos permiten actuar con rapidez ante una urgencia. En cambio, si esas reacciones forman parte de la vida cotidiana, entonces suele ser causado por una sensibilidad encubierta, y que suele darse en personas que no quieren mostrar sus sentimientos, y van acumulando tensión hasta que alguien o algo toca su fibra y saltan como resortes. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Para tratar este problema, intento que la persona que lo sufre realice estos cambios:
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          - Ampliar el tiempo de reacción, es decir, desde que se da la situación hasta que se reacciona. De esta forma se puede ser más consciente para controlar la reacción. Para ello existen técnicas de concienciación que ayudan a conseguir esto.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          - Organizar consecuencias negativas a la reacción. Se pretende con esto, que la propia persona organice su entorno para que no sea protegido/a por este tipo de conductas, ya que muchas veces, tanto familiares como pareja, etc, suelen justificar sus actos con frases como "es así, no puede evitarlo". 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          - Buscar en el pasado. Hay situaciones en la infancia o adolescencia en las que se producen agravios, injusticias, conflictos entre los padres, etc, en las que -quienes lo padecen- encuentran una relación con su forma de reaccionar impulsiva. Se trata de "desconectar" esos recuerdos de su forma de reaccionar en el presente, usando técnicas de afrontamiento de emociones implicadas. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          - Rescatar recursos abandonados. Todas las personas poseemos recursos naturales para hacer cambios positivos en nuestra vida. Estos recursos pueden estar en desuso o incluso no haber sido utilizados nunca. Se trata de demostrarle al paciente que los lleva en su interior, y la forma en la que puede utilizarlos para su bienestar.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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